Equidad Sustantiva

La (r)evolución del mercado y el amor en la era digital

La (r)evolución del mercado y el amor en la era digital

La (r)evolución del mercado y el amor en la era digital

Por Enrique Hagmaier, Editor Digital RGB 360

Nadie quiere admitirlo en voz alta, pero casi todos hemos pasado por ahí —al menos yo sí y no lo niego, ya es quizá parte de mí—: abrir una app «solo para ver quién anda cerca», deslizar, juzgar en segundos lo que antes tomaba semanas, y sentir ese pequeño vértigo —mitad esperanza, mitad resignación— cuando aparece un rostro que parece decirnos «tal vez tú también me estás buscando».

Durante años se ha hablado de Grindr, Tinder, Scruff, Bumble y otras plataformas de este ámbito como si fueran una renuncia al romance genuino, o una caricatura del amor. Pero la verdad es que no son el problema, sino el síntoma. El reflejo de una sociedad que ya no encuentra en el espacio físico la seguridad, la certeza ni el margen para equivocarse sin consecuencias.

Según datos de Statista y Data.ai, México es el segundo mercado más grande de apps de citas en América Latina, solo detrás de Brasil. Se estima que más de 8.7 millones de usuarios activos utilizan plataformas como Grindr, Tinder, Bumble, Scruff y Hornet, con un crecimiento anual cercano al 9%. El segmento masculino representa casi el 60% del total de usuarios en apps de ligue en el país, impulsado principalmente por población urbana entre 24 y 45 años.

El cliente potencial: la soledad

El impacto de las apps de ligue se extiende mucho más allá de la pantalla. Restaurantes, bares, hoteles, moteles, cafeterías, terrazas, festivales, galerías y hasta servicios de movilidad han encontrado en este nuevo ritual urbano una fuente inesperada de dinamismo.

Estas apps han dejado de ser plataformas de interacción para convertirse en motores de consumo indirecto. Estudios de Kantar México y Nielsen IQ señalan que las personas que utilizan aplicaciones de citas gastan entre 23% y 31% más en experiencias presenciales que quienes no las utilizan. Cada match es una posibilidad de consumo: una mesa para dos, una noche de hotel, una copa más, un café que se alarga con todo y postre porque nadie quiere ser el primero en irse.

En Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Puebla y Querétaro, cadenas hoteleras reportan que hasta el 18% de sus reservas de fin de semana en segmentos urbanos provienen de usuarios que se conocen mediante apps. El fenómeno se intensifica en fechas como San Valentín, Pride, puentes vacacionales y festivales culturales.

Otras plataformas, como Timeleft, que organizan cenas entre desconocidos basadas en perfiles psicológicos y afinidades, han registrado un crecimiento de más del 140% en usuarios en México durante 2025, reflejando una transición del match individual a la experiencia colectiva. Esta evolución que no promete romance, sino compañía. No vende amor como la experiencia principal, sino una experiencia compartida para conocer nuevos amigos.

Es el síntoma de algo más profundo, una generación que ya no busca solo pareja, sino pertenencia, un espacio donde puedes sentir que formas parte de algo, aunque sea por una noche.

El principal valor: la certeza

Desde la lógica empresarial, las apps funcionan como sistemas de filtrado de riesgo emocional, donde cada interacción reduce la incertidumbre de acercarse en espacios físicos donde la reacción del otro no es predecible. Es decir, si hablas con alguien que te ha gustado en un espacio que no conoces, podrías correr el riesgo de recibir un golpe si esta persona no comparte tu orientación sexual.

El digitalizar el ligue no elimina el romance, sino que lo optimiza. Transforma el azar en probabilidad, la intuición en dato, y la atracción en un sistema de selección consciente. Sí, podemos parecer un producto en un catálogo, pero vamos a lo seguro, y en este época donde el tiempo es escaso, ahorrarlo es prioridad.

El precio: el estigma

A pesar de su normalización, todavía se mira a estas apps con una mezcla de superioridad moral y desdén. Como si usarlas nos hiciera menos profundos, menos dignos, menos «serios». Pero las apps tienen otros datos, que contradicen esa narrativa: más del 41% de las relaciones formales entre hombres en zonas urbanas de México iniciaron en una app, de acuerdo con un estudio de YouGov Latinoamérica.

Además, cerca del 17% de los usuarios reporta haber generado contactos laborales, colaboraciones o sociedades comerciales tras conocer personas a través de estas plataformas. En otras palabras: ligar es perfecto para el networking, vaya, ni LinkedIn.

El ligue digital no empobrece la experiencia humana. La reconfigura. La vuelve más honesta, más directa, más brutal, sí, pero también más posible.

El producto: lo que realmente buscamos

Las aplicaciones de ligue no reemplazan el mundo físico, lo han reconfigurado. Detrás de cada perfil, de cada torso, de cada «hola» sin respuesta, hay algo más elemental: el deseo de ser visto sin miedo, de ser elegido, sin violencia, de encontrar un lugar donde el «yo también» no tenga que explicarse.

Tal vez por eso estas plataformas han estado activas tantos años, porque funcionan. No porque prometan amor, sino porque devuelven algo que el mundo físico nos ha negado demasiadas veces: la posibilidad de intentarlo.

Porque detrás de cada swipe, cada tap, cada «hola», hay algo que ninguna inteligencia artificial ha logrado replicar: el deseo humano de no estar solo.

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Enrique Hagmaier

Enrique Hagmaier

Editor Digital RGB 360 | Consultor en PR y Comunicación