Con norma de seguridad eléctrica en camino, la minería mexicana enfrenta plazo para blindar su operación
El valor de producción en la minería mexicana alcanzó un máximo histórico de 379,290 millones de pesos, un salto de 21.2%, según datos de la Cámara Minera de México (Camimex). Pero el volumen físico extraído casi no se movió y el PIB del sector cayó 3.2%: el alza vino de los precios de los metales, no de producir más.
Para este año, Camimex estima inversiones por US$6,402 millones, 30.8% más que el año anterior, con el mantenimiento y la compra de equipo entre los principales destinos. El contraste de más inversión, mismo volumen; le pone una presión a cómo se invierte; y gran parte de la respuesta está asociada a la seguridad de la infraestructura eléctrica que sostiene la operación.
El tema dejó de ser solo una decisión interna de las mineras en México; porque en diciembre del año pasado, se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto que aprueba el Convenio 176 de la OIT sobre seguridad y salud en las minas, centrado en la prevención de riesgos, entre ellos los eléctricos. En paralelo, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social mantiene en consulta pública el proyecto de la NOM-032-STPS-2026, que actualizará las obligaciones específicas para las operaciones mineras en México. Para las empresas del sector minero, esto significa que la seguridad eléctrica deja de ser una buena práctica interna y empieza a ser un requisito de cumplimiento con fecha.
“La seguridad eléctrica es un elemento esencial para proteger a las personas y garantizar la continuidad de la operación minera. Las condiciones de operación en este sector exigen infraestructura diseñada para minimizar riesgos y mantener altos niveles de confiabilidad”, explica Jonathan Ronquillo, gerente de la división Minería de EATON México.
Cinco prácticas para anticiparse a la norma
“Con base en nuestra experiencia en el sector, que incluye desde protección contra destello de arco eléctrico hasta electrificación de operaciones de superficie y subterráneas, ante este contexto regulatorio, identificamos cinco prácticas que marcan la diferencia entre una operación preparada y una expuesta”, apunta Ronquillo.
Se debe monitorear en tiempo real los puntos críticos de la red eléctrica, en lugar de detectar las fallas solo cuando ya han interrumpido la operación. Asimismo, los sistemas de protección deben dimensionarse para las condiciones reales de la mina, considerando el polvo, la humedad, la vibración, la altitud y otros factores que difieren de las condiciones estándar de una fábrica. También es necesario documentar y auditar el plan de mantenimiento, para evitar que este responda únicamente a fallas ya ocurridas. A su vez, el personal debe capacitarse en los riesgos eléctricos específicos de cada instalación, más allá de la capacitación general de seguridad. Finalmente, la infraestructura debe diseñarse para aislar una falla sin detener toda la operación, de modo que un problema puntual no implique parar la mina completa.
“La norma no se enfoca en identificar si la mina tiene electricidad, sino en preguntar si sabes qué pasa cuando algo falla. Con el Convenio 176 ya vigente y la NOM-032 en camino, las mineras que actúen antes de que la norma sea obligatoria tendrán una ventaja operativa, no solo de cumplimiento”, señala Jonathan Ronquillo.
Una falla eléctrica no controlada no solo pone en riesgo a las personas, detiene procesos automatizados cada vez más comunes en la minería mexicana, desde sistemas de bombeo hasta equipos de monitoreo remoto. En un año donde la inversión crece pero el volumen de producción no despega al mismo ritmo, evitar paros no planeados por fallas eléctricas es una forma de recuperar productividad.
La infraestructura eléctrica que hoy sostiene la operación tendrá que demostrar, con documentación, que está preparada para proteger tanto a las personas como la continuidad del negocio.
“En este escenario prepararse no significa únicamente cumplir con una nueva exigencia, significa conocer dónde están los puntos críticos de la operación, anticipar las fallas y contar con sistemas capaces de contenerlas sin convertir un incidente localizado en un paro general. La NOM-032 plantea una oportunidad para que las empresas conviertan la seguridad eléctrica en una estrategia de continuidad operativa, respaldada por monitoreo, mantenimiento, capacitación y una infraestructura diseñada para las condiciones reales de la mina”, finaliza el gerente de la división de Minería de EATON.