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Joyas escondidas: Cine LGBTQI+ que no te puedes perder

Joyas escondidas: Cine LGBTQI+ que no te puedes perder

Vivir en 2026 hace que a veces me resulte increíble, en el sentido de no creer, que no hará más de diez años —quince si nos vemos muy dadivosos— que en el cine no se exhibían películas con temática homosexual de una manera si bien no tan común, por lo menos no tan abiertamente, no sé si me explico. Es decir, estas películas las ponían casi que a la última hora y en la última sala, como si fuera lo peor del mundo, y el entrar a verlas era una declaración de que pertenecías a la población homosexual de tu ciudad.

En estos días fui a ver “En el Camino”, la nueva película de David Pablos (“El Baile de los 41”, “Las Elegidas”), una película que te muestra la «otra cara» de los traileros; esos eternos enemigos de los conductores de carretera, tan machos, tan hombres, tan groseros, pero que a la vez son humanos, son personas que traen problemas, sueños, necesidades, y muchos de ellos gustos un tanto distintos a lo que pensamos, en ella se habla de Veneno —un chico de pueblo que está huyendo por un crimen que cometió y está siendo buscando— quien, al quedarse abandonado en un paradero de carretera, conoce al Muñeco, trailero que tiene tiempo de no ver a su familia por su adicción a las drogas, a quien le pide que le haga paro de llevarlo a otro lugar; en el camino, los dos forman un vínculo que va más allá de lo que uno podría pensar de estas personas, de estos hombres bragados, y tan cabrones, y me puse a pensar en cómo, de cierta manera, existen distintos tipos de vivir nuestra homosexualidad y cómo para algunos sectores es tan difícil el decirlo abiertamente. Esto, a su vez, me dio risa, porque esta película tan cruda y real —porque se nota el trabajo de investigación que se llevó a cabo—la vi justo horas después de haber visto “Red, White & Royal Blue” (López, 2023), que te pinta una idílica relación entre un príncipe inglés y el hijo de una presidenta demócrata de los Estados Unidos, todo un cuento de hadas, una relación que varios quisiésemos, vaya, de sueño, que no por eso se demerita ni el trabajo de los realizadores como el de esta relación que habla de un mundo —aunque ficticio— completamente distinto al de los traileros, que al mío, así como el mío podría podría contrastar con el de unos albañiles gays que salen de trabajar a las cinco de la tarde y van muy juntos de a esperar el camión porque les gusta estar cerca del otro, o de algún joven de familia millonaria y conservadora que tiene que buscar encuentros clandestinos porque su familia no lo deja ser él mismo, o la historia de “Sueño en Otro Idioma” (Contreras, 2017), pedazo de tesoro nacional cuya historia no contaré para que sea sorpresa, y así hay muchas historias que dan para hacer más películas.

¿Y cuál podría decir que fue la primera película abiertamente homosexual, gay, que vi en el cine? A esto me viene “Call Me By Your Name” (Guadagnino, 2017), olvidando que quizás un año antes vi “Moonlight” (Jenkins, 2016), y si a más atrás me voy, podría decir que fue “La Otra Familia” (Loza, 2011), mexicana, por cierto. ¿Y esto qué significa para mí, hombre, blanco, homosexual —porque el mundo ahora te toma en cuenta si es con etiquetas—de ciudad pequeña? Quizá no mucho, que pueda ver una parte de representación de mi realidad en la pantalla grande, que pueda ver historias que podrían estar reflejando lo que para es normal, lo que es día a día, porque durante años viví y vi rodeado de historias heterosexuales, donde el hombre y la mujer se quedan juntos, donde se casan y tienen familias, pero, ¿dónde estaban esas historias donde las parejas comparten el mismo sexo? 

Estaban escondidas; siendo exhibidas en grandes ciudades y con poca audiencia, audiencia que se sentía bandida al entrar a la sala —gafas, gorro, en silencio—, ahí estaban, y cuando haces la investigación de esta lista te das cuenta de que, quizá en voz baja, nunca estuviste en silencio, porque siempre estuvieron ahí: voces que, ocultas bajo un closet forzado a cerrar hablaban en susurros, diciéndonos: «aquí estamos, y te vamos a ir acompañando», «mira entre líneas, te estamos hablando en secreto», y ahí estábamos viendo mensajes que nos hablaban directamente a nosotros a pesar de no ser explícitos, porque nunca hemos estado solos, siempre han existido otros antes que nosotros y nosotros existimos para los que vienen, y ha sido a través de estas historias como hemos podido preservar este legado cinematográfico que se ha atrevido a decir las cosas por su nombre, a amar sin miedo, y a existir resistiendo cada vez más en una sociedad para la que solo existimos durante este mes y los once siguientes nos olvidan, es por eso que, para quienes nos leen y han sentido lo mismo que nosotros, les decimos aquí estamos y también están estas películas que hemos seleccionado para acompañarnos:

Selección de Raúl Cedeño, Director General RGB 360:

  1. “120 Battementes par minute” (Dir. Campillo, 2017):

Me van a disculpar la memoria ante el extraordinario relato introductorio de mi co-escritor, Enrique, pero también ya hace tiempo que he no he revisado de nuevo esta película, ganadora del Premio del Jurado en Cannes 2017, pero lo que sí recuerdo es haberla visto en el extraordinario Festival Mix que la puso como una de sus películas de estreno si no mal recuerdo en el Teatro de la Ciudad. La película nos cuenta la historia de la crisis de la pandemia del VIH en la década de los 90s en Francia y el nacimiento de un movimiento llamado ACT UP. Con actuaciones de diez, un soundtrack de ensueño y un guión brutal, más que ser una del montón realmente nos sentimos dentro de un relato frustrante, enternecedor y sumamente reflexivo. 

La puedes ver en: Por el momento sin plataforma.

  1. “El Repostero de Berlín” (Dir. Greizer, 2017):

En una de mis tantas visitas a mi segunda casa, la Cineteca Nacional, recuerdo que en esas dobles funciones que yo mismo me daba (el boleto costaba 30 o 40 pesos) me topé con esta película israelí, la cual nos relata la historia de un pastelero alemán que se involucra con un hombre casado de Israel y que, ante la repentina muerte de este último, busca a su familia y termina trabajando en la cafetería de la viuda. Ante tremendo argumento, me llamó mucho la historia en su carácter de orbitar la infidelidad, la obsesión y también la repostería como una técnica de “arte de seducción”, inusual y franca.

La puedes ver en: Apple TV Store.

  1. “Get Real” (Dir. Shore, 1998)
    Al igual que mi co-escritor, hay películas que simplemente son parte de tu biografía cinematográfica, esta es una de ellas, vista en la clandestinidad en una visita a Ciudad de México en casa de alguien a mis 10 años, de esos DVDs que uno “no debería de ver”; esta producción inglesa se enfoca en el coming-of-age de Steven, un adolescente en el ocaso de la preparatoria, se enamora del chico popular de la escuela y a la postre termina causando una salida del closet gradual, culminando en un foro público exhibido como el primer homosexual de su escuela. Graciosa, cliché y con un soundtrack fenomenal, es de esas cintas que como “Billy Elliot”, sonríes al recordarlas, la historia que ves en pantalla probablemente es tu historia y eso lo hace genial. Imperdible.

La puedes ver en: Por el momento sin plataforma.

  1. “The Kids Are All Right” (Dir. Cholodenko, 2010)
    Muchas veces pasa que el cine queer se limita mucho a la experiencia gay, con la nueva tendencia hacia la trans o travesti, pero casi no podría equivocarme al decir que un 70% del cine LGBTIQ+ es G. Esta película, que a la luz del wokismo, ha ido perdiendo su relevancia cultural, con un elenco de diez que incluye a sus tres protagonistas nominados al Oscar por este largometraje: Annette Benning, Juliane Moore y Mark Ruffalo, sumada a un guión para la época transgresor, novedoso y cómico, para mi sigue siendo la película para las masas para entender a la familia homoparental desde varios ángulos. 

La puedes ver en: Prime Video.

  1. “Milk” (Dir. Van Sant, 2008)
    Finalmente, la más política de todas, pero también la más brillante; aquí se suman tres fuerzas increíbles: un director como Gus Van Sant, a quien podemos criticar de irregular, más no de conformista, un guionista nuevo —en aquel entonces— como Dustin Lance Black, que aún y con “J. Edgar” me parece fantástica su pluma, y el ultra criticable Sean Penn, pero que a la hora de actuar, es lo más cercano a Brando que la generación X y Millennial pudiéramos soñar. Todo eso en la licuadora da como resultado una cinta biográfica, probablemente en el top 5 de los mejores ejemplos, de cómo sí hacer una película de este corte, mostrando los claroscuros de su objeto de estudio. “Milk” resulta en pedazo de cine hecho y derecho que debería de impartirse en escuelas como estudio básico de historia queer. Punto.

Selección de Enrique Hagmaier, Invitado RGB 360:

  1. “Sauvage” (Dir. Vidal-Naquet, 2018)

Más allá de una película claramente perteneciente a la letra G de este abecedario de la diversidad sexual, “Sauvage”, o “Salvaje” en español, nos cuenta la vida de Léo, un joven de 22 años que se dedica a la prostitución, pero, más allá de eso, nos brinda un breve vistazo a la vida de muchos jóvenes que recurren a esta actividad para generar ingresos, muchas veces para llenar el vacío que la vida misma les ha proporcionado (abandono familiar, mal de amores y, muchas veces, la falta de amor propio) aunado al consumo de estupefaciente y al enorme miedo de volverse a enamorar. Siendo de los pocos que la vieron en la sala, si acaso éramos seis, puedo decir que me marcó por la crudeza en la que una persona puede rehusarse a ser amada, a pesar de estar hechos para ser amados, y de anhelarlo tanto.

La puedes ver en: Apple TV Store.

  1. “Passages” (Dir. Sachs, 2023)

Vista con una ligera noción sobre de qué iba, y precisamente por ello fue por lo que entré a la Sala de Arta en su momento. En la actualidad no es posible, ni debería ser permisible, que siga existiendo la idea del amor romántico idealizado entre sólo dos personas cuando, evidentemente, se puede amar a más de una persona a la vez. Entonces, ¿por qué los celos? ¿Por qué no permitirse explorar el amor y los sentimientos con otra persona, y por parte del otro también hacer lo mismo sin caer en reproche? Lo que sucede es que, en cierta manera, no queremos perder lo que tanto hemos trabajado e invertido. Está película es perfecta para poner el tema del poliamor sobre la mesa. Y sobre cómo es mejor ser sincero y comunicar nuestros sentimientos, que andar poniendo, o nos pongan, el cuerno y uno viviendo engañado.

La puedes ver en: Mubi.

  1. “Queer” (Dir. Guadagnino, 2024)

Obviando el hecho de que Guadagnino es uno de mis directores de cine no comercial favorito, “Queer” dejó claro —al menos para mí— el por qué. En esta película, que si bien en ocasiones se siente más larga que la espera del amor de nuestra vida, Luca nos cuenta la historia de Lee —cabe mencionar que está basado en una novela de William Burroughs que, a su vez, está basado en su propia vida durante su estadía en la Ciudad de México en los cincuentas, muy buena historia y, como recomendación, leer primero Yonqui del mismo autor—, un expat americano que vive en Ciudad de México y gusta de pasar sus días en la Condesa-Roma, bebiendo café, alcohol y heroína, un crack el chico, literalmente. En un momento conoce a Allerton un joven periodista claramente más joven que él y comienza con la idea de seducirlo. Si bien este preámbulo es importante para entender de qué va la película, lo que me conmovió es esa enorme necesidad que tenemos los humanos —y no sé si sea algo meramente entre homosexuales— de realmente ser amados, es como, no nos sentimos aptos para ser amados, pero necesitamos amar, necesitamos sentir —e imaginamos— que acariciamos al chico que nos gusta mientras imaginamos y tememos también su rechazo, su asco y más si somos mayores, y más cuando pensamos en qué será de nosotros cuando, poco a poco, dejemos de ser atractivos para los demás. 

La puedes ver en: Mubi y Netflix.

  1. “Close” (Dir. Dhont. 2022)

Si ves a dos niños púberes corriendo en un campo de tulipanes puedes pensar “qué hermosa película”, pero cuando la terminamos estamos que berreamos, y no solo por la película en sí, sino porque podemos recordar esos días de primaria, de secundaria, cuando ni siquiera nosotros mismos sabíamos lo que queríamos, lo que éramos y ahora somos, lo que necesitábamos, pero por lo visto otros sí, y nos lo decían, nos lo gritaban, y nos lo reían en la cara, sin saber por qué otros veían lo que nosotros no, sin entender qué pasaba en nuestra cabeza, en nuestra aún inocente mente y a su vez recordamos a ese amigo que se nos fue, que se distanció de nosotros por el qué dirán, por qué van a pensar, por lo solo que nos dejó en el momento en que, quizá, más lo necesitábamos.

La puedes ver en: Mubi.

  1. “Portrait d’une Jeune Fille en Feu” (Dir. Sciamma, 2019)

Una maestra de pintura es cuestionada sobre el por qué de una pintura sobre una mujer en llamas y comienza a recordar… Y así suceden las mejores historias: con recuerdos de lo que fue, de lo que pudo ser, de lo que vivimos con gran intensidad, pasión y amor. Marianne es una pintora que es comisionada a pintar el retrato de Héloïse para su próxima boda, pero Héloïse no debe saberlo, por lo que Marianne tiene que conocerla y ganarse su confianza para poder pintarla sin verla. Y lo que comienza como algo obligado, termina por otra obligación. Como bien mencionó Raúl, muchas películas de esta categoría se basan en la G, otras tantas las miles de “T” y, quizá, muy pocas, en la “L”, pero cuando se hacen son una maravilla (véase “Carol” (Dir. Haynes, 2015) que es una belleza), una verdadera obra de arte, véanse nomás estos cuadros, estas fotografías que nos regala esta película, estos paisajes y miradas entre la una y la otra, la química y belleza que Merlant y Haenel nos regalan es sublime. Después de verla, jamás escucharás a Vivaldi igual. 

La puedes ver en: Apple TV Store y Mubi.

Los dos: “Call Me By Your Name” (Dir. Guadagnino, 2017)

Raúl: “Call by your name” siempre será esa cartita a la nostalgia del primer crush, la idealización y el balde de agua fría de crecer por medio de un corazón roto. Más allá de su increíble estética, la sensualidad y sus dos inolvidables protagonistas, esta película marcó un antes y un después en lo que a películas gay mainstream se refiere, rompió esquemas por completo en cuanto abordar el conflicto del clóset, no como tabú central, sino absolutamente secundario para otorgar una historia enfocada más bien en el deseo y el despertar sexual. 

Enrique: Jamás olvidaré que ésta fue la película que destronó a “Titanic” en mi lista de Top. Vaya, por “Titanic” nació mi amor al cine cuando tenía cinco años, pero CMBYN la destronó sin chistar y es que no recuerdo alguna otra película —quizá “Bridge to Terabithia” (Dir. Csupó, 2007)— que me haya hecho llorar media hora antes de terminar y que me haya dejado llorando toda la noche, y es ahí donde radica precisamente el poder y la esencia del arte, en lo que logra moverte y conmoverte y ésta lo hizo. Más allá de la técnica, la estética, la producción, la ambientación, todo está de una manera que te envuelve y te atrae hacia ella, eres parte de ella, te mueves con la cámara, escuchas lo que pasa: el viento, el agua, los grillos. Y no voy a dejar de mencionar a mi amado Chalamet, que estuvo brutal, estuvo perfecto, estuvo hecho un amor porque nos enamoramos con él, recordamos esas primeras veces, esos primeros besos, pero, lo más triste, también esa primer despedida que nos dolió hasta el alma. Y que, aún así, siempre vendría un golpe final aún más fuerte. De llanto, miedo y amor.

Y sí, quizá nuestra selección incluye películas extranjeras —más allá de las muchísimas mexicanas que hay y que nos gustaría también mencionar en un segundo escrito— pero son las que nos han movido, las que nos han dado una representación cultural y de pertenencia ante el mundo, que nos han hecho sentir, aunque sea por dos horas que no estamos solos, que habemos y habremos más. Que siempre hemos existido, y siempre lo vamos a hacer. Que no debemos escondernos, ni avergonzarnos de quiénes somos, ni de lo que practicamos, disfrutamos, creemos o hacemos. Porque todo eso, la suma de nuestras vivencias, tanto a nivel individual como colectivo nos hacen seguir luchando por nuestra existencia, por nuestra subsistencia y nuestra pertenencia en un mundo que nos quisiera ver desaparecidos, y no por que la gente sea mala, sino porque desconocen nuestra historia, nuestra lucha, nuestra visión, porque somos distintos, valientes, creativos, ingeniosos, y puedo ponernos un montón de etiquetas más, pero lo más importante es que todo esto, es lo que no solo durante junio, sino mes con mes, y año con año, nos hace sentirnos llenos de orgullo.

Más acerca del autor
Enrique Hagmaier y Raúl Cedeño

Enrique Hagmaier y Raúl Cedeño

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