Hecho en México: Iluméxico y el desarrollo más allá de la rentabilidad
En una oficina iluminada por la luz natural, Mariel Ramírez Alfaro habla con la calidez de quien ha hecho de la energía un propósito. Como directora de Iluméxico, una empresa social mexicana que ha llevado electricidad solar a miles de hogares rurales, su mirada combina la precisión de una ingeniera con la empatía de una mujer que ha visto cómo un solo foco encendido puede cambiar una vida.
“Nuestro reto siempre ha sido mantener el equilibrio entre la rentabilidad y el impacto social. Crecer sin perder nuestra razón de ser”, explica.
Iluméxico nació con una misión clara: llevar energía a quienes nunca la han tenido. Pero en ese propósito, también descubrió un camino de doble filo. Por un lado, la necesidad de sostener un modelo rentable; por otro, la urgencia de no convertir la energía en un privilegio. “Podríamos irnos a mercados más rentables, pero eso sería traicionar el sentido de lo que somos”, dice Mariel. “Por eso crecemos de manera gradual, buscando nichos dentro del ámbito rural que nos permitan mantener ese balance”.
Con dos canales principales —ventas directas y alianzas estratégicas con empresas y fundaciones—, Iluméxico ha encontrado la fórmula para hacer sostenible lo social. “Cuando una empresa decide invertir en comunidades rurales, no solo ilumina casas, también activa economías locales y cambia realidades familiares”, explica.
Empresas con propósito
En un país donde la rentabilidad suele medirse en márgenes de ganancia, Iluméxico representa una nueva manera de hacer negocios. Su certificación como empresa B —organizaciones que cumplen altos estándares sociales, ambientales y de transparencia— no es solo un sello, sino una declaración de principios.
“Hoy cualquier empresa, grande o pequeña, tiene la obligación de considerar su impacto social y ambiental. Sería irresponsable crecer sin pensar en eso”, afirma. En su voz no hay idealismo, sino pragmatismo. Habla de sostenibilidad como una cuestión de supervivencia corporativa. “Cada acción empresarial tiene un destinatario humano. Nunca debemos olvidar que detrás de cada producto hay personas que toman decisiones y buscan bienestar”.
El desarrollo comienza con la gente
Más allá de los sistemas solares y las métricas, el verdadero motor de Iluméxico está en las personas. En cada comunidad donde instalan paneles, la empresa busca capital humano local: jóvenes técnicos, instaladores y promotores comunitarios.
“Trabajar con gente local es un ganar-ganar”, explica Mariel. “Ellos no tienen que emigrar ni alejarse de sus familias, y nosotros ganamos colaboradores que entienden el territorio, su ritmo y sus retos.”

A través de su planta de manufactura y su área de ingeniería, Iluméxico ofrece capacitación continua para desarrollar habilidades técnicas y personales. “No solo crecen económicamente, también crecen como personas”, añade. “Y, además, es más eficiente: reduces costos, evitas traslados y fortaleces la economía local”.
El impacto de este modelo va más allá de la electrificación. En muchas comunidades, la luz ha traído algo tan básico como la seguridad. “El 80% de las mujeres con las que trabajamos nos dicen que se sienten más seguras desde que tienen energía. Pueden quedarse solas con sus hijos, moverse de noche, leer, estudiar. Es un cambio profundo en la vida cotidiana.”
Medir la rentabilidad del desarrollo
Para Iluméxico, la rentabilidad no se mide en utilidades, sino en vidas transformadas. Actualmente, en México todavía existen más de un millón de personas sin acceso a la energía eléctrica, y muchas más que la reciben de forma intermitente o deficiente.
“Nuestra meta para los próximos años es reducir esa cifra. Cada familia que accede a la energía mejora su calidad de vida, su economía, su educación y su seguridad. Eso también es desarrollo”, afirma Mariel.
El compromiso de la empresa con la Agenda 2030 y la transición energética es tangible: promover la generación distribuida, crear cadenas de valor locales y fortalecer comunidades desde su propia capacidad.
Una invitación a iluminar juntos
Antes de terminar la conversación, Mariel dedica un mensaje a las empresas del país: grandes, medianas o pequeñas. “Las empresas deben preguntarse siempre qué hay detrás de su producto o servicio. Hay personas reales, con necesidades e historias. Si colocamos al usuario en el centro de la estrategia, el crecimiento será sostenible por sí mismo.”
Iluméxico ha caminado de la mano con aliados como Fundación Iberdrola, TC Energy y Fundación Signus, organizaciones que han creído en su visión y han permitido ampliar su alcance a cientos de comunidades. Pero Mariel no se conforma: “Queremos sumar a más empresas. Lo nuestro no es solo prender un foco, es transformar lo que pasa después: cómo cambia la salud, la educación y el bienestar cuando hay energía.”En un país donde el desarrollo suele medirse en cifras macroeconómicas, la historia de Iluméxico recuerda que el verdadero progreso comienza en casa, en esa pequeña chispa que rompe la oscuridad de un hogar y enciende el futuro de una comunidad.