Energía: La Economía del Futuro
Por Raúl Cedeño. Pluma: Eduardo Carmona.
Cuando Aldo Díaz fundó lo que hoy es el Consejo de Profesionales en Energía Fotovoltaica (CPEF), no imaginó que aquella inquietud por profesionalizar a un grupo de instaladores en Jalisco se convertiría en una organización con más de 1,200 socios en todo el país. Lo que comenzó como un esfuerzo local por compartir conocimientos y buenas prácticas, hoy representa un movimiento nacional por elevar los estándares técnicos y éticos de la industria solar mexicana.
“El consejo no nació pensando en ser una asociación”, recuerda Aldo. “Empezó como un grupo de empresarios buscando educación y profesionalización. Con el tiempo, entendimos que la única forma de transformar la industria era formando a las personas”.
La urgencia de educar en una industria que avanza más rápido que su regulación
México es uno de los países con mayor radiación solar del mundo, pero su marco normativo no ha avanzado al mismo ritmo que la tecnología. Las normas técnicas en materia fotovoltaica llevan más de 13 años sin actualizarse, mientras que las innovaciones globales —almacenamiento, monitoreo inteligente, baterías— evolucionan cada trimestre.
“Hoy tenemos productos que ni siquiera existen en las normas. La regulación se quedó atrás. Por eso, la capacitación técnica no es solo un tema de seguridad o ética corporativa: es una necesidad urgente para mantenernos competitivos frente al mundo”, explica Díaz.
En un entorno así, la educación técnica se vuelve una herramienta de supervivencia. Sin ella, dice, México corre el riesgo de pagar el alto costo de la obsolescencia.
Profesionalizar desde la ética y la confianza
Más allá de los aspectos técnicos, el CPEF descubrió pronto que el reto era también cultural. “Nos dimos cuenta de que no existía una línea ética clara, cada quien hacía las cosas a su manera”, comenta Aldo. De ahí surgió el primer Código de Ética para Profesionales del Sector Fotovoltaico en México, una guía que no solo define buenas prácticas, sino que busca construir confianza entre empresas, clientes y autoridades.
Otro de los grandes aciertos del Consejo fue crear un sistema de certificación con tarjetas electrónicas NFC que validan las competencias del profesional. “El cliente puede escanear el código y saber quién es su instalador, qué empresa lo respalda y si realmente está capacitado. Si alguien incumple, lo damos de baja. Creamos una red de confianza basada en educación.”
Este modelo de validación ha despertado el interés de gobiernos locales, cámaras empresariales e incluso asociaciones internacionales, al demostrar que la formación técnica puede convertirse en una política de transparencia.
La educación como barrera de entrada
En el CPEF no se paga membresía: la única forma de ingresar es capacitarse.
“Pagar es lo más fácil. Aquí, con dinero no entras. Entras si te formas. Eso genera compromiso y sentido de pertenencia”, señala Díaz.
La organización ofrece cursos avalados por la Secretaría de Educación Pública, diplomados especializados y programas de emprendimiento para quienes desean crear su propia empresa solar. En el proceso, no solo han formado instaladores más competentes, sino también emprendedores con visión y responsabilidad.
“Muchos sabían poner paneles, pero no sabían cuánto cobrar, cómo estructurar su negocio o cómo crecer. Enseñarles eso fue tan importante como enseñarles a instalar correctamente.”
Aprender para competir
En la actualidad, el CPEF trabaja de la mano con universidades, cámaras empresariales y organizaciones internacionales para intercambiar conocimiento y desarrollar modelos educativos más ágiles.
Durante la pandemia, descubrieron el potencial de la educación en línea, que permitió atraer alumnos de toda América Latina. “Nos dimos cuenta de que el conocimiento no tiene fronteras. Hoy podemos aprender de Chile, de España o de Asia en tiempo real. La tecnología derribó las barreras del idioma y del acceso.”
Sin embargo, advierte Aldo, el desafío ahora es mantener el enfoque humano: “La educación virtual no puede perder el vínculo personal. El conocimiento técnico debe acompañarse de valores y comunidad.”
México ante el reto global
El crecimiento de la energía solar en México es vertiginoso: en 2024 aumentó 41%, frente al 25% del promedio mundial. Pero ese ritmo exige profesionales a la altura.
“Somos el tercer país con mayor radiación del planeta, pero todavía no lideramos en profesionalismo técnico. Si no formamos talento, otros países nos dirán cómo hacerlo”, reflexiona Díaz.
Por eso insiste: capacitar es competir. La educación técnica no solo eleva la seguridad y eficiencia de los proyectos, también fortalece la confianza del mercado y reduce los costos de riesgo.
“Un panel mal instalado afecta a toda la industria. Necesitamos estándares, ética y educación continua si queremos que México sea referente global en energía limpia.”
La voz de una nueva generación solar
A siete años de su creación, el CPEF se ha consolidado como una red de innovación educativa y colaboración empresarial. Su misión va más allá de los cursos: busca dignificar el oficio, crear comunidad y formar líderes que comprendan que el verdadero valor de la energía está en las personas.
“Educamos para transformar, no para competir. Si queremos un México más sostenible, debemos empezar por formar a quienes van a construirlo.”