Electromovilidad sin miedo: la educación como motor del nuevo mercado mexicano
Por Eduardo Carmona, Editor en Jefe RGB 360
Cuando Alejandra Landae decidió escribir su primer libro sobre autos eléctricos, no lo hizo desde la ingeniería o la economía, sino desde algo mucho más humano: el miedo.
“El principal obstáculo no fue tecnológico, fue emocional”, confiesa. “La gente no me preguntaba cuántos kilómetros recorría un auto eléctrico, sino si se iba a quedar sin batería o si se iba a arrepentir. Ahí entendí que el mayor freno para la electromovilidad no estaba en la infraestructura, sino en la mente.”
Así comenzó un viaje que transformó su vida y la llevó a convertirse en una de las voces más reconocidas en educación y comunicación sobre movilidad sostenible en México. Su libro, De 0 a 100%: La Aventura de Mi Primer Auto Eléctrico, no es una guía técnica, sino un relato honesto y cercano de cómo superar los prejuicios y abrazar el futuro con confianza.
“Antes de escribirlo, yo también dudé. Quise vivirlo en carne propia: hacer un test drive, escuchar los miedos de mi familia, los comentarios de siempre —‘te vas a quedar tirada’, ‘eso no es para México’—, y luego atreverme a recorrer kilómetros con el corazón acelerado… pero de emoción, no de ansiedad.”
De esa experiencia nació su convicción: para acelerar la adopción de autos eléctricos en México, necesitamos menos fichas técnicas y más historias reales. Historias que nos conecten con la posibilidad de cambiar sin miedo.
Mitos, realidades y decisiones inteligentes
En México, los dos grandes mitos sobre los autos eléctricos giran en torno a la autonomía y al costo. “Muchos creen que se van a quedar sin batería en medio del camino, cuando el 80% de los trayectos diarios son menores a 40 km, y la mayoría de los modelos ya superan los 300 km por carga”, explica Alejandra.
El segundo mito, incluso más limitante, es el del precio: “Se piensa que los eléctricos son solo para millonarios, pero hoy existen modelos con costos comparables a SUVs tradicionales. Y cuando sumas los ahorros en energía, mantenimiento y beneficios fiscales, entiendes que no es un gasto aspiracional, sino una inversión inteligente.”
Para ella, educar al consumidor es transformar la mentalidad económica del país. “El mexicano no necesita que le digan que un auto eléctrico es sustentable. Necesita entender que es rentable.”
El ecosistema que falta construir
Landae no ve la electromovilidad solo como un cambio de vehículos, sino como una oportunidad económica integral.
“La mayor área de crecimiento no está en vender autos, sino en todo lo que los rodea: estaciones de carga, servicios de mantenimiento, software de gestión energética, infraestructura doméstica y corporativa. Este es un ecosistema apenas germinando.”
A su juicio, ahí está el terreno fértil para emprendedores y startups mexicanas: “Cada punto de carga es una oportunidad de negocio. Cada servicio de optimización energética, una empresa potencial.”
También subraya que las flotas empresariales pueden ser catalizadoras de la transición. “Las compañías que adopten vehículos eléctricos no solo ahorrarán costos operativos —hasta un 70% en energía y mantenimiento—, sino que se posicionarán como líderes en responsabilidad social y competitividad.”
Romper esquemas: Del miedo a la acción
Pero la transición no es solo técnica, sino cultural. Alejandra lo sabe bien: “Romper esquemas implica desmontar creencias, no solo cambiar motores. Muchos todavía piensan que los autos eléctricos son frágiles, lentos o exclusivos de grandes ciudades. La educación es el antídoto.”
La autora insiste en que México debe avanzar simultáneamente en tres frentes:
- Cultura y mentalidad: derribar los prejuicios que limitan la adopción.
- Infraestructura: multiplicar los puntos de carga en zonas urbanas y carreteras.
- Regulación: crear marcos fiscales y de homologación que den certeza a consumidores e inversionistas.
“Esto no se logrará con esfuerzos aislados. Gobierno, empresas y sociedad deben colaborar. Si uno se queda atrás, el ecosistema no despega.”
Educar para transformar
En su visión, el futuro de la electromovilidad mexicana depende de tres motores: políticas públicas, inversión privada y educación.
“Si estos factores se alinean, en diez años México puede ser un referente latinoamericano. Veremos autos eléctricos en colonias populares, flotillas públicas 100% limpias y nuevas generaciones que ya no piensen si deben cambiar, sino cómo aprovechar la tecnología.”
La educación —insiste— será la chispa que encienda este cambio. “Sin conocimiento, no hay adopción. Sin adopción, no hay mercado. Y sin mercado, no hay transformación.”
Para Alejandra Landae, el camino hacia la electromovilidad es también un viaje interior: aprender a confiar, a experimentar y a reinventarse. “No se trata solo de cambiar de auto. Se trata de cambiar la forma en que pensamos el futuro.”
“El futuro eléctrico ya está aquí. Lo que falta no es tecnología, es confianza. Y la confianza se construye educando.”
— Alejandra Landae