Opinión

El riesgo de los equipos que siempre están de acuerdo

El riesgo de los equipos que siempre están de acuerdo

En el mundo corporativo, confundimos velocidad con eficiencia más seguido de lo que nos gustaría aceptar. Un equipo donde todo el mundo está de acuerdo puede parecer ágil, alineado, incluso funcional; pero muchas veces es simplemente frágil. Esa sensación de armonía, que en apariencia habla de buen trabajo en equipo, suele esconder algo más incómodo: la incapacidad de ver los propios puntos ciegos. Durante años, la diversidad se ha empujado desde lo ético o como parte de la responsabilidad social. Y sí, ese ángulo importa. Pero quedarse ahí es quedarse corto. En la práctica, la falta de diversidad en la toma de decisiones se puede volver un problema directo de negocio.

Cuando todos en un equipo vienen de contextos similares —misma formación, mismas referencias, mismas conversaciones— todo fluye con una facilidad que puede resultar engañosa. Las ideas avanzan rápido, el consenso llega pronto y la ejecución parece eficiente. El problema es que, sin contraste, las ideas no se cuestionan de verdad. Y cuando eso ocurre, el costo no es teórico: se traduce en productos que no conectan, innovaciones que no resuelven nada y recursos invertidos en decisiones que nadie se atrevió a retar a tiempo.
Todos hemos visto esas campañas o productos que te hacen pensar: ¿cómo nadie dijo nada en todo el proceso?

Esto se nota con especial claridad en industrias creativas y de consumo, pero no es exclusivo de ellas. Pasa en cualquier sector. Equipos completos en ciudades como la CDMX diseñando para mercados con los que no conviven en el día a día. En la junta, todo suena bien. Todo “hace sentido”. Pero ese sentido solo existe dentro de ese mismo círculo.
Me ha tocado estar en esas sesiones donde la conversación fluye muy bien, las cabezas asienten y nadie cuestiona de fondo las decisiones. Y justo ahí está el problema. Porque una marca no vive solo en la Roma o la Condesa; vive también en el metro, en una valla en Cuauhtémoc, en un centro comercial en La Paz o en la operación diaria de un aeropuerto en Campeche. Si no funciona también ahí, entonces no funciona.

Los grandes errores de marca o producto que vemos en las noticias de nuestro medio de marketing favorito rara vez son accidentes. Incluso los casos más visibles pasaron por varios filtros antes de salir. Y cuando se hace el análisis posterior, aparece algo más incómodo: el problema no fue algo técnico. La pregunta relevante deja de ser qué falló en el proceso y pasa a ser quién faltaba en la mesa para decir lo que otros no estaban viendo.

Los datos de consultoras como McKinsey & Company lo respaldan: las empresas con equipos más diversos tienden a superar a sus competidores en rentabilidad y creación de valor.
Si tu cliente es diverso, tu equipo también tiene que serlo. No solo para evitar errores, sino para tomar mejores decisiones desde el inicio. Porque la diversidad no cambia únicamente lo que haces hacia afuera; cambia, sobre todo, la calidad de las conversaciones que tienes hacia adentro. Y esa diferencia, aunque no siempre es visible en el corto plazo, es la que termina definiendo qué tan bien puede adaptarse una organización.

Antes de cualquier lanzamiento importante o decisión de inversión, vale la pena detenerse un momento y hacerse una pregunta incómoda: ¿están diseñando para el mundo real… o solo validando lo que ya les hace sentido?

Referencias
McKinsey & Company. (2020). Diversity Wins: How Inclusion Matters.
https://www.mckinsey.com/~/media/mckinsey/featured%20insights/diversity%20and%20inclusion/diversity%20wins%20how%20inclusion%20matters/diversity-wins-how-inclusion-matters-vf.pdf
McKinsey & Company. (2023). Diversity matters even more: The case for holistic impact https://www.mckinsey.com/featured-insights/diversity-and-inclusion/diversity-matters-even-more-the-case-for-holistic-impact

Más acerca del autor
Edgar Dojaque

Edgar Dojaque

Fundador de Después Del Clóset | Conferencista sobre cultura corporativa, liderazgo y diversidad LGBTQ+