Energía

El biometano despega en México: primer proyecto abre una vía de negocio para descarbonizar la industria

El biometano despega en México: primer proyecto abre una vía de negocio para descarbonizar la industria

En la compleja carrera hacia la transición energética global, ya no basta con producir energía limpia; es imperativo demostrar su origen y trazar de forma transparente su impacto. En un hito sin precedentes para la industria sustentable del país, México cuenta por primera vez con un proyecto de biometano formalmente registrado para acreditar, ante los exigentes compradores de Norteamérica, los atributos ambientales de la energía térmica renovable que produce.

Este avance, anunciado de manera simultánea el día de hoy durante el Mexico Carbon Forum en la ciudad de Aguascalientes y en el Renewable Energy Markets en Washington, D.C., coloca a nuestro país en el mapa global de los mercados certificados de energía limpia. La protagonista indiscutible de este logro es Brimex Energy, una planta ubicada en Lagos de Moreno, Jalisco, que se ha convertido en el primer proyecto mexicano de energía térmica renovable inscrito en el prestigioso CleanCounts Registry (M-RETS).

Pero, de forma didáctica, ¿qué significa esto para el ecosistema industrial? En términos sencillos, este registro opera como un “pasaporte de sustentabilidad”. Permitirá documentar con absoluta precisión el origen, el volumen y el periodo de producción exacto de la energía generada por la planta, brindando a las empresas una alternativa real para hacer su operación más limpia, reducir sus emisiones y avanzar decididamente en sus metas de descarbonización y objetivos ESG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza corporativa).

La solución a una doble problemática nacional

Para comprender a fondo la trascendencia de este registro, es necesario observar la vulnerabilidad del panorama energético en México. Guillermo Gómez Herrera, presidente del Consejo Nacional de Biogás (CNBiogás), lo resume con claridad meridiana: “El biometano puede resolver varios problemas al mismo tiempo: aprovechar residuos que hoy representan un pasivo, producir energía en México y ofrecer una alternativa para industrias que necesitan reducir emisiones sin poder electrificar todos sus procesos. Lo que este primer caso agrega es la posibilidad de acreditar de manera oficial ese beneficio ambiental”.

Históricamente, la matriz energética de México ha mantenido una fuerte dependencia del gas natural importado. Cifras de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) revelan que, durante el pasado 2025, nuestro país importó un promedio de 6,638 millones de pies cúbicos diarios de gas natural. Este volumen representa un aumento del 3.4% respecto al año anterior y marca un máximo histórico, equivaliendo a cerca de tres cuartas partes de la demanda nacional total.

Esta aguda dependencia somete a los consumidores mexicanos a la volatilidad y a los caprichos climáticos del mercado estadounidense. Un ejemplo contundente de este riesgo ocurrió apenas en enero de este 2026: durante el impacto de la tormenta invernal Fern, que congeló ductos en Norteamérica, el precio de referencia en el Houston Ship Channel se disparó dramáticamente de 1.846 a un pico de 14.498 dólares por MMBtu en menos de tres semanas. Ante escenarios como este, producir una mayor proporción de energía térmica dentro del territorio nacional adquiere una dimensión que va más allá de lo ecológico; se convierte en un pilar de seguridad energética y estabilidad económica.

Economía circular: De pasivo contaminante a motor industrial

A nivel técnico, el biometano posee una ventaja inigualable: es completamente compatible con la infraestructura de distribución ya existente. Una vez que el biogás crudo es purificado y cumple con las estrictas especificaciones regulatorias, puede inyectarse directamente a las redes nacionales de gasoductos, transportarse sin adaptaciones costosas y consumirse en los mismos equipos industriales (como calderas y hornos) que hoy queman gas natural de origen fósil.

El potencial de México para desarrollar esta industria es gigantesco. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) calcula que el país genera alrededor de 139,000 toneladas diarias de residuos sólidos urbanos. De esta monumental cifra de desechos, entre el 40% y el 50% corresponde a materia orgánica (aproximadamente 20.5 millones de toneladas anuales). Las estimaciones apuntan a que transformar estratégicamente solo una parte de estos residuos permitiría sustituir entre el 8% y el 10% del consumo nacional de gas natural.

En la región de Los Altos de Jalisco, Brimex Energy ya está materializando esta economía circular. Su planta aprovecha los subproductos de las principales actividades económicas de la zona, incluyendo las industrias lechera, porcícola, de alimentos y bebidas, y la emblemática industria tequilera. Mediante un sofisticado proceso biológico conocido como digestión anaerobia —donde microorganismos descomponen la materia orgánica en un entorno cerrado y carente de oxígeno—, insumos como el suero lácteo, las excretas porcinas, los lodos de plantas de tratamiento y las vinazas del tequila se transforman en biogás. Posteriormente, este gas es depurado hasta alcanzar la pureza del biometano.

“Brimex abrió el mercado del biometano en México con los primeros permisos federales del país, y este registro internacional es el siguiente paso lógico. Cada decatermo que producimos lleva ahora una prueba criptográfica y documental que compradores y auditores de toda Norteamérica reconocen”, destacó con orgullo Guillermo Chaim Serrano, CEO de Brimex Energy.

El desafío geográfico y la magia de la trazabilidad

A pesar de sus bondades, el biometano enfrenta un reto logístico importante dictado por la geografía de nuestro país. Los residuos orgánicos utilizados como materia prima se encuentran principalmente en granjas, establos, zonas agroindustriales y rellenos sanitarios ubicados en zonas rurales o periféricas; mientras que los grandes consumidores de energía están concentrados en densos corredores industriales.

El reto técnico mayor surge al momento de inyectar este combustible verde a la red convencional. Una vez dentro de un gasoducto, las moléculas renovables se mezclan físicamente con las moléculas del gas fósil, haciendo imposible identificar qué tipo de gas consumió una fábrica determinada.

Es aquí donde brilla la tecnología de trazabilidad implementada por CleanCounts. Este sistema opera como una “capa contable” inquebrantable de la descarbonización. Documenta cada unidad de energía producida y le asigna un número de serie único, rastreando los atributos ambientales asociados desde su emisión hasta su retiro. Esto permite desvincular el flujo físico del gas de su valor ecológico, garantizando que una empresa pueda adquirir estos certificados y reclamar la reducción de su huella de carbono sin el riesgo de que ese beneficio sea contabilizado por partida doble.

Para avalar la absoluta precisión de estos datos, la firma especializada EcoEngineers llevó a cabo una exhaustiva auditoría independiente de ingeniería en la planta jalisciense, proporcionando al registro cifras de generación 100% verificadas. “Los registros garantizan que un decatermo de biometano mexicano se mida una sola vez, se reclame una sola vez y sea confiable para cualquier comprador o auditor en todo el continente”, afirmó tajante Ben Gerber, presidente y director general de CleanCounts.

Viabilidad corporativa y el futuro sustentable de México

Llevar este compromiso ambiental a la operación diaria de las empresas representa un alivio financiero monumental. Para una corporación transnacional con compromisos globales de descarbonización, la decisión de adoptar energías limpias no depende únicamente del precio del combustible, sino de la inversión multimillonaria que implicaría transformar o sustituir toda su maquinaria térmica.

Al adquirir certificados de biometano, la empresa resuelve gran parte de sus emisiones operativas empleando sus equipos e infraestructura existentes. “Ahí cambia la ecuación: la empresa no está comprando solamente combustible, está resolviendo una parte de sus emisiones sin comprometer su operación. Al mismo tiempo, el productor puede capturar el valor económico ambiental del biometano para hacer viable su proyecto”, explicó Gómez Herrera.

El contexto político e institucional en México también refleja un naciente interés. En el reciente Segundo Informe de Gobierno 2025-2026 de la presidenta Claudia Sheinbaum, se reportaron oficialmente seis permisos clave vinculados a este combustible: dos para instalaciones productoras a partir de excretas agropecuarias, tres para su comercialización en estado gaseoso y uno para su distribución hacia usuarios finales.

Mientras tanto, el mercado global acelera su marcha. La Agencia Internacional de Energía (AIE) proyecta que la producción mundial de biometano se duplicará rápidamente, pasando de 10 mil millones de metros cúbicos en 2024 a cerca de 21 mil millones en 2030. En sintonía con esta macrotendencia, el CNBiogás estima que, gracias al precedente histórico sentado hoy por Brimex Energy, México podría cerrar este 2026 con al menos 10 proyectos de biometano operando formalmente en diversas regiones.

“México tiene residuos de sobra, capacidad tecnológica probada y empresas que claman por alternativas sostenibles. El siguiente paso es conectar esas piezas y llevar más proyectos a operación para generar energía propia, abatir emisiones y sustituir el gas natural que hoy nos vemos forzados a importar”, concluyó Gómez Herrera.

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