Finanzas y Economía

Cultura de inversiones: Mitos y realidades

Cultura de inversiones: Mitos y realidades

Por Raúl Cedeño. Pluma: Eduardo Carmona.

En el edificio emblemático de Paseo de la Reforma, sede de la Bolsa Mexicana de Valores, las pantallas digitales marcan el pulso de los mercados. Pero en medio de gráficas, índices y cifras que cambian a cada segundo, Gerardo Aparicio Yacotú recuerda algo esencial: sin cultura financiera, todos esos números carecen de sentido para la mayoría de los mexicanos.

“De nada sirve tener acceso a productos o plataformas de inversión si no sabemos cómo utilizarlos”, señala el Director de Cultura Financiera de la BMV. Su tono combina la paciencia de un maestro y la visión de un estratega que entiende que la educación no es un accesorio, sino la base del desarrollo económico.

La educación como inversión de largo plazo

Aparicio cuenta que, durante años, hablar de la Bolsa se percibía como un asunto exclusivo de grandes inversionistas o expertos. Hoy, sin embargo, el desafío es democratizar ese conocimiento y ponerlo al alcance de estudiantes, emprendedores y ciudadanos comunes.

“La cultura financiera es como aprender un idioma: entre más temprano lo estudies, más fácil lo dominas. Por eso trabajamos con universidades, colegios y centros comunitarios, para sembrar esa semilla desde la juventud”, explica.

En ese esfuerzo, la BMV ha diseñado programas que buscan traducir conceptos complejos en herramientas prácticas: cómo hacer un presupuesto, cómo funciona un crédito, qué significa ahorrar para el retiro, o cómo dar el primer paso en la inversión responsable.

La brecha de conocimiento

Los datos son contundentes: gran parte de la población mexicana no conoce el funcionamiento de instrumentos básicos de ahorro o inversión, y muchos emprendedores carecen de herramientas para manejar su flujo de efectivo. Esta falta de preparación, subraya Aparicio, no solo afecta a las familias, sino también a la competitividad del país.

“Un emprendedor que no sabe administrar su liquidez tiene menos posibilidades de crecer. Un ciudadano que no planea su retiro pone en riesgo su futuro. La cultura financiera no es un lujo, es una necesidad de primer orden”, enfatiza.

La Bolsa como aula abierta

Bajo su liderazgo, la Dirección de Cultura Financiera ha convertido a la Bolsa en un espacio educativo. Talleres, conferencias, visitas guiadas y plataformas digitales forman parte de un ecosistema que busca acercar a la gente al mundo financiero.

Aparicio recuerda con entusiasmo las reacciones de jóvenes que pisan por primera vez el piso de remates: “Muchos llegan pensando que esto es un club privado y se sorprenden cuando descubren que también es su casa, que la Bolsa está abierta para todos”.

Más allá de la experiencia presencial, la pandemia aceleró el uso de recursos en línea, permitiendo que miles de personas en distintas regiones del país puedan acceder a cursos y materiales sin necesidad de viajar a la capital.

Hacia un futuro de inclusión y confianza

El Mtro. Aparicio reconoce que falta mucho camino por recorrer, pero es optimista: cada vez más mexicanos muestran interés en aprender a manejar su dinero y en entender las oportunidades de inversión. La clave, dice, está en generar confianza y en ofrecer información clara, libre de tecnicismos innecesarios.

“Cuando una persona entiende cómo funciona el dinero, se convierte en un ciudadano más libre, capaz de tomar mejores decisiones. Eso, al final, también fortalece nuestra democracia y nuestra economía”, reflexiona.

Una nueva frontera

En la visión de Aparicio, el vínculo entre negocios y educación financiera es inquebrantable. El desarrollo del país no solo depende de grandes proyectos de inversión, sino también de millones de decisiones cotidianas tomadas con conocimiento y responsabilidad.

Por eso, desde la Bolsa Mexicana de Valores, su apuesta es clara: abrir las puertas del conocimiento financiero para que más personas se atrevan a cruzar esa frontera.

“Un México con cultura financiera es un México con más oportunidades”, concluye, convencido de que cada clase, cada curso y cada conversación sobre dinero es, en realidad, una inversión en el futuro colectivo.

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