Opinión

Cultura y desarrollo: ¿Pueden el cine y el arte impulsar la economía y la educación?

Cultura y desarrollo: ¿Pueden el cine y el arte impulsar la economía y la educación?

Nací y crecí en Xalapa, capital de Veracruz, durante muchos años denominada «La Atenas Veracruzana», gracias a la vasta cultura que albergaba y por ser sede principal de la Universidad Veracruzana y su Facultad de Artes, reconocida internacionalmente como una de las mejores de Latinoamérica. En Xalapa se respira cultura, se vive el arte y se convive diariamente con artistas, intelectuales, músicos, actores. Está en nuestro ADN.

Durante una caminata por esta ciudad, no pude evitar preguntarme en cuál momento hemos pasado de ser reconocidos por nuestra cultura a ser una ciudad que ya pocos conocen. De ser sede de importantes eventos culturales a ser nada, pero más importante, a preguntarme: ¿el arte es para todos?

Del mecenazgo a la democratización cultural

Comencemos con un poco de historia. Durante siglos, el arte fue privilegio de pocos: la capacidad de comisionar obras marcaba la frontera entre quienes podían producir arte y quienes lo consumían, muchas de las obras que hoy conocemos fue comisionada por la realeza y nobleza a artistas que, literalmente no tenían para comer, sólo demasiado talento. Gracias a esto hoy podemos disfrutar de su trabajo. Sin embargo, hoy vivimos una escena diferente: con museos gratuitos, conciertos en lugares públicos y el acceso masivo al cine en plataformas digitales han democratizado el acceso a la cultura, pero lamentablemente esto no se convierte en participación; en muchas zonas marginadas, el arte es visto como algo innecesario e incomprendido. Mas los beneficios que tiene la exposición temprana al arte son extraordinarios. Quienes crecen rodeados de arte y cultura desarrollan mayor empatía, creatividad, pensamiento crítico y sensibilidad social. El arte contribuye al bienestar emocional y al autoconocimiento. El arte, por el mero hecho de serlo, forma ciudadanos humanos, no solo consumidores, y mucho menos, personas con potencial a delinquir.

El cine mexicano cuenta y hace contar al país

El cine siempre ha sido mi lugar favorito, mi refugio, pero más allá de una gran sala, es un faro de identidad cultural. A través del lenguaje audiovisual, se construyen y proyectan narrativas que resuenan en públicos diversos, no importando de dónde seamos y de dónde venga el cine, siempre habrá una historia que nos resuene, que nos mueva, que nos haga pensar en nuestra propia vida. México, con su rica tradición cinematográfica, ha producido historias tan poderosas que han tejido puentes emocionales con audiencias globales.

Este poder narrativo genera un impactante dinamismo económico. Tan sólo durante 2024, con información oficial de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (CANACINE) y el Gobierno de México, México produjo 240 largometrajes. Entre estos, 129 fueron óperas primas, lo que evidencia una generación nueva de cineastas.

En el mismo año, el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) otorgó 383 apoyos a través de 20 convocatorias, enfocados en producción, difusión, exhibición y preservación del cine nacional. Quiero resaltar el caso de Jalisco, estado que registró 189 producciones, generando un impacto económico de 950 millones de pesos y más de 4,900 empleos gracias a la nueva Film Commission (Filma Jalisco) y a las medidas tomadas por la Secretaria de Turismo, Michelle Fridman, para atraer rodajes e, incluso, la entrega de los Premios Ariel en Puerto Vallarta este pasado septiembre.

En 2024, el cine mexicano mostró solidez en producción y diversificación, con un número récord de largometrajes y coproducciones internacionales y se mostró un esfuerzo institucional visible, aunque aún hay reto en ganar espacios de exhibición y capturar mayores ingresos de taquilla a favor del cine local, y aunque si bien las salas nacionales no confían tanto en el producto nacional, Netflix anunció una inversión de 1,000 millones de dólares para producción en México durante los próximos cuatro años, además de la modernización de los estudios Churubusco.

La inversión extranjera subraya el reconocimiento del talento y potencial de México, pero para que el cine nacional crezca de forma sostenible, necesita fortalecimiento en exhibición, promoción interna y estrategias que hagan llegar estas historias al público, y no solo a festivales o plataformas. El cine no es solo arte, es una industria fuerte, con una gran identidad y potencial de desarrollo. Y México tiene todo para ser narrado con éxito y construir una comunidad que se enorgullezca.

Cultura y arte como ruta de desarrollo

Una sociedad capaz de autoidentificarse y narrarse es una sociedad que avanza, que progresa a través de sus valores, conectando memorias y proyectando futuros. Animar a los niños a expresar sus historias mediante el arte no es un privilegio, es un compromiso que estamos obligados a fomentar y exigir a nuestro gobierno, con iniciativas que permitan acercar la cultura a la niñez y entender que es una inversión que aún se niegan a ver.

Entonces, respondiendo a la pregunta inicial, ¿el arte es para todos? El arte, aunque ahora resulte muy aesthetic y genere likes en redes sociales, es infraestructura social, emocional y económica. El arte nutre, enriquece y humaniza al espíritu. El arte, cuando es arte de verdad, nos mueve y conmueve, nos golpea tanto que nos puede hacer llorar, pero siempre nos hace sentir, y más importante, sentirnos vivos; es una comunión que va más allá de esta tierra, de este plano. Así que sí, el arte sí es para todos, sólo hace falta saber acercarlo a quienes más lo necesitan, y en México estamos dejando pasar la oportunidad de convertir esa imaginación, esa pureza, en motor de desarrollo social y económico, pero más, de desarrollo humano.

Más acerca del autor
Enrique Hagmaier

Enrique Hagmaier

Coordinador de Medios Digitales RGB 360