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La Odisea: de dioses, humanos y una historia que sigue repitiéndose

La Odisea: de dioses, humanos y una historia que sigue repitiéndose

Oficialmente segunda mitad del año, periodo vacacional (para algunos), y el cine… curiosamente lleno. Algo está pasando este 2026 que nos está llevando de regreso a las salas cinematográficas; es debatible el número de secuelas (Toy Story 5, cof, cof), pero los números en taquilla no mienten: por lo menos tres películas este año pasaron la marca de los mil millones en recaudación… y se avecina la cuarta… “La Odisea”.

Basada en el clásico de Homero, y específicamente en la traducción de Emily Wilson (que no he leído, pero el propio Nolan ha comentado que esto es importante), la historia nos narra el viaje de Odiseo (Matt Damon) a través de diversas vicisitudes provocadas por su desafío a los dioses y su participación en la batalla de Troya; todo con la finalidad de regresar a la isla de Ítaca con su fiel y amada esposa, Penélope (Anne Hathaway), y su hijo, Telémaco (Tom Holland).

Como semiconocedor de la mitología griega, por la cual tengo un gusto particular, algo sucedió este año que tuve la oportunidad de tener, sin querer, la cronología de “La Ilíada” y “La Odisea” bastante clara: “Troya”, la película, y “La niña del altar”, la obra de teatro que tuvo en abril su temporada en el Centro Cultural del Bosque con Marina de Tavira y Alberto Estrella. Por ende, al llegar a la propuesta de Nolan, se sintió más como la secuela o secuencia de los títulos anteriores, y cada secuencia de contexto la vi más como un cameo; la emoción no la podía contener. ¿Por qué el comentario? Sencillamente porque recalcaré aquí solo, quizás, dos fallas de la película: la primera, que su primera hora es un tanto lenta y confusa, pues es poner todo en contexto; lo que me lleva a la segunda, y que es precisamente que sí requiere un curso exprés o ver obras previas que nos den mejor entendimiento de los personajes, y quiénes son dioses y quiénes no, dado que el retrato que hace Nolan de pronto está muy aterrizado al panorama “real” y puede tardar uno en distinguir cuándo está frente a un dios o un monstruo y cuándo con un personaje.

Pasado esto, comienzo con lo contundente: Christopher Nolan, como el artífice del blockbuster contemporáneo, ofrece una visión rígida, concreta y directa. Nos da chance de debatir, reflexionar y, por supuesto, emocionarnos con el trayecto de Odiseo; pero este es un cineasta que ha construido un parque de diversiones sofisticado, mas no carente de esteroides. Y, siendo la primera película filmada en IMAX, la nostalgia es inevitable al compararlo con el “Rey Midas de Hollywood” original, Steven Spielberg. Nolan, con “La Odisea”, llegó a reclamar el trono.

Diseño de producción, vestuario, efectos especiales y maquillaje se funden en una experiencia audiovisual cohesiva y golosa a cargo de dos genios. Por el lado de la fotografía, Hoyte van Hoytema logra mostrarnos a través de su lente la magnificencia y la amenaza del caballo de Troya, la monstruosidad del Cíclope, la violencia de las mareas y tormentas de Poseidón, pasando por la brujería de Circe y el inframundo de Hades. Y en la parte musical, Ludwig Göransson, genio y heredero de la maestría de Ennio Morricone, no nos lleva a la clásica orquesta sinfónica, sino que más bien toma la época, la fusiona con elementos actuales y logra un soundtrack sacado del propio Olimpo, con reminiscencias de lo que “La Misión” logró en su momento: para un servidor, exquisitez auditiva pura.

En cuanto a las actuaciones, con un desfile de estrellas y rostros conocidos (en cualquier momento quieres que salga Brad Pitt en su papel de Aquiles), destacan Anne Hathaway como Penélope; un despreciable y mercenario Robert Pattinson interpretando a Antínoo; John Leguizamo, la gran sorpresa, dando cátedra de reparto con su leal y filosófico Eumeo; y Matt Damon, quien, callado pero físico e imponente, nos lleva sutilmente por todo el arco de arrogancia, expiación y redención por el que nuestro héroe, Odiseo, pasa.

Para un cinéfilo de hueso colorado, “La Odisea” es un tour de force a la mejor usanza de Kurosawa, Spielberg, Scott o Wong Kar-wai; no solo una redefinición de lo que implica ir a la sala de cine, sino del poder del blockbuster para reflexionar sobre la naturaleza humana, al nivel de Spielberg con “La lista de Schindler” o James Cameron con “Titanic”. Cine hollywoodense duro y macizo. Imperdible.

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Periodista