Confessions II: autobiografía y autorreferencia del metauniverso llamado Madonna
Corría el año 2005 y yo tenía 13 años de edad. Era un snob musical, si es que pudiera describirme de alguna forma; no había poder humano que me hiciera salir de la música clásica. Si bien por mi contexto familiar y la interacción social natural en la escuela tenía alcance y conocimiento de la música popular, yo estaba ensimismado en la pretensión de que la fuerza superior del arte musical de cámara me haría elevado en mi cultura… hasta que un día, viendo la televisión, se anunció un celular Motorola del año (de los pioneros en incluir MP3). La escena la tengo muy presente: una mujer alta, rubia y con garbo intimidante se acerca a una cabina de teléfono en medio del desierto; de fondo comienza a sonar el sample de «Gimme! Gimme! Gimme! (A Man After Midnight)» de ABBA, solo que con una revolución más moderna; la cabina se va atascando de personas y al final terminan anunciando el teléfono. Primer presagio: ¿quién es esa mujer?
Segundo: época de MTV, cuando era la referencia en música y videos. Viéndolo en unas vacaciones con mis primas, el sagrado ritual incluía que yo estuviera inmerso en un libro o viendo alguna revista, escuchando de fondo la «contaminación» de la música de moda… pero, de repente, reconozco el beat, volteo a la pantalla y es la mujer del anuncio. Lleva un conjunto deportivo holgado azul, el cual se quita para revelar un leotardo rosa; la música sigue subiendo y ella, con su cabello rubio cobrizo medio, se estira y comienza a danzar a lo largo del estudio de baile. «Hung Up» fue la canción. Y desde entonces, esta historia de 21 años como fan de Madonna se ha venido desarrollando.
Cuatro álbumes de estudio, cinco giras y varios altibajos después, llegamos a 2025, cuando Madonna anuncia que haría la secuela de lo que se ha constituido como «la Biblia del pop»: Confessions on a Dance Floor, un álbum de hito cultural que consolidó a la estrella internacional como leyenda y reina absoluta del género. La expectativa no podría ser mayor, sobre todo pensando en lo que Madonna ha representado en esta segunda parte de su ya amplia trayectoria de más de 40 años. Además, dicho sea de paso, después de Confessions (ahora Parte I), la carrera de la diva de Michigan realmente ha sido una montaña rusa.
La semana pasada el sagrado día llegó: 3 de julio de 2026. Paradójicamente, el mismo día pero de 1981, el New York Times publicó que 41 hombres homosexuales habían contraído un «cáncer inusual». La relación de la comunidad LGBTQI+ (pero especialmente la G) con las divas del pop no es desconocida, pero tratándose de Madonna es prácticamente un sinónimo fundacional. Por ello, la fecha es un homenaje en toda la extensión de la palabra a una carrera, pero también a una audiencia que se ha mantenido devota desde aquellos ayeres.
Confessions II, ya entrando en materia de reseña, es una gozada de principio a fin. Al parecer, en propias palabras de su autora, el álbum nació después del Celebration Tour y de su sonada, pero devastadoramente fallida película autobiográfica. Como todo en el mundo de Madonna, ella quería el control total; no lo obtuvo, y el resultado de lo que pudo haber sido lo supera con creces en esta suerte de álbum autobiográfico.
Su primer acto, que ya había sido adelantado a través del film publicado en YouTube, se compone con fuerza cósmica por medio de títulos que ya entran al catálogo por defecto de lo mejor en la carrera de la artista. «I Feel So Free» sirve de digna introducción y heredera de «Future Lovers», ambientándonos de inmediato en la aventura en la que nos vamos a adentrar para dar paso a «Good for the Soul». Este tema, un relato derivado de lo que pudo haber sido la experiencia de Madonna en la Unidad de Cuidados Intensivos previo al Celebration Tour, nos promete, por medio de su título y lírica, un viaje interestelar. Ya entrados en este último, «One Step Away», con su beat house noventero tipo lounge, se vuelve un manifiesto del arte de la danza entre coreografía y sensualidad. Posteriormente, «Bring Your Love» nos mete de lleno a la pista de baile con una armónica y atinada Sabrina Carpenter; dicho sea de paso, esta canción tiene mucho más sentido en el conjunto del álbum que como sencillo en solitario. Por si fuera poco, llega «Danceteria» para dar cátedra de lo que una canción-podcast-poema-crónica puede ser; simplemente está sacada de otro mundo y época (qué anhelo haber vivido eso). Finalmente, el acto cierra con la vibración latina a cargo de su colaboración con Feid: «Read My Lips» resulta en su entrada más atinada al género; sin embargo, es bastante olvidable, aunque se entiende su existencia comercial y mercadológica.
El acto dos nos lleva de lleno a la intensidad de la noche y a la oscuridad de la pista de baile. «Everything» resulta ser el reclamo político con el cual Madonna detalla lo que es estar en la bruma contemporánea, mientras que «Love Sensation» le sigue como una celebración a la vida, a la felicidad y a la plenitud. «Love Without Words», de mis favoritas, cobra una fuerza brutal dándonos un beat que sin duda hace honor a su nombre: el amor manifestado sin palabras; bailar es la nueva ley. Después se da paso a su colaboración con Martin Garrix, «Bizarre». Aquí estamos en el pico, en la catarsis de nuestra fiesta en el «Club del Amor» (The Club of Love); como si de un EDC se tratara, nos cuenta su relación con Sean Penn, la decepción y lo extraño de no olvidar a ese amor tan especial. «School» comienza a profesar la calma —ya vamos sintiendo el cansancio y la madrugada—, pero arranca la parte reflexiva: el querer seguir aprendiendo y charlando sobre la vida y la muerte. Esto deriva en «Fragile», canción motivada por la muerte del hermano de Madonna, Christopher; una balada synth-pop que hace honor a lo mejor de la Reina en Ray of Light. Después, «My Sins Are My Savior», con la elegancia del francés Stromae, se mueve entre lo sensual y lo confesional: una de las grandes piezas que nos hacen entender a la diva del pop y su relación con sus detractores. «Betrayal» nos proyecta la película de la vulnerabilidad de Madonna a través de esta carta a su madrastra y el rencor hacia su padre por encontrar pareja tras la muerte de su madre a causa del cáncer. «The Test» nos entrega una secuela de «Little Star» (la primera canción dedicada a su hija Lourdes): la sangre y la herencia se juntan para cantar una reconciliación en vivo del vínculo madre-hija. Y finalmente, «L.E.S Girl» es ese amanecer en la gran ciudad, con la resaca y la melancolía de la memoria ante un nuevo día, sin olvidar de dónde venimos y tratando de entender el cimiento que nos hace seguir adelante.
Confessions II es la prueba de que Madonna, sin ninguna duda, es una fuera de serie dentro de una generación que en su mayoría ya no está con nosotros: Prince, Jackson, Bowie, Turner, Aretha, Whitney. Los que quedan se quedaron en la nostalgia: Lauper, Cher, Jagger, Harry, John, Stewart. Y a quienes heredó su trono no lograrán igualarla: Spears, Aguilera, Rihanna, Grande, la misma Carpenter, Swift… Todo esto porque la prueba nos lo deja claro: Madonna solo habrá una, y tenemos el privilegio de que su mayor logro es seguir vigente y potente. Increíble.