Energía

Gasolina en México: más producción, misma dependencia y el límite estructural del sistema energético

Gasolina en México: más producción, misma dependencia y el límite estructural del sistema energético

El sector energético mexicano atraviesa una fase de transición que, más que resolver sus problemas históricos, los hace más visibles. De acuerdo con el IMCO, en 2025 la producción nacional de gasolinas creció 39%. Sin embargo, este incremento no fue suficiente para revertir una constante estructural: las importaciones continuaron superando la producción durante todo el año.

El dato sintetiza una paradoja que ha definido al sector durante décadas. México produce más, pero no lo suficiente. Refina más, pero no con la eficiencia necesaria. Avanza, pero no al ritmo de su propia demanda.

Un sistema de refinación ampliado, pero no optimizado

El país cuenta con una red de refinación compuesta por seis refinerías históricas —Tula, Salamanca, Salina Cruz, Minatitlán, Cadereyta y Madero— a las que se han sumado dos activos estratégicos: Dos Bocas en Tabasco y Deer Park en Texas.

En términos agregados, la capacidad instalada ronda 1.5 millones de barriles diarios. No obstante, la operación efectiva se mantiene por debajo de ese nivel debido a factores estructurales: mantenimiento, paros técnicos, calidad del crudo y limitaciones tecnológicas.

El aumento en producción observado en 2025 responde, en buena medida, a la rehabilitación de estas refinerías y a una mayor utilización de capacidad instalada. Es un avance real, pero parcial. El sistema funciona más, no necesariamente mejor.

Además, el tipo de crudo que produce México —principalmente pesado— introduce un desafío adicional. Requiere procesos más complejos y costosos para generar gasolinas de alto valor, lo que reduce eficiencia y eleva costos operativos.

A pesar del crecimiento en producción, México sigue sin cubrir su demanda interna de combustibles. El consumo nacional supera de forma consistente la capacidad de refinación efectiva. Esto obliga a mantener importaciones elevadas, principalmente desde Estados Unidos, donde el sistema de refinación es más eficiente, diversificado y tecnológicamente avanzado. En consecuencia, la autosuficiencia energética en gasolinas no es todavía una realidad operativa, sino un objetivo en construcción.

El origen de la dependencia

La dependencia externa no es un fenómeno reciente. Es el resultado de decisiones acumuladas durante décadas. Durante años, la estrategia energética del país priorizó la exportación de crudo sobre la inversión en refinación. Esto generó un modelo en el que México vende petróleo sin procesar e importa combustibles ya refinados.

A ello se suman problemas estructurales:

  • Subinversión en mantenimiento;
  • Baja eficiencia operative;
  • Limitaciones tecnológicas;
  • Altos costos de procesamiento.

El resultado es un sistema que, incluso cuando crece, lo hace desde una base limitada.

El precio de la gasolina: más allá de la producción

Uno de los puntos más malinterpretados en el debate público es la relación entre producción nacional y precio al consumidor. Producir más gasolina en México no implica automáticamente precios más bajos.

El precio final se compone de múltiples factores:

  • Referencia internacional del petróleo y combustibles;
  • Costos de refinación (frecuentemente elevados en México);
  • Costos de importación (cuando aplica);
  • Logística y distribución interna;
  • Impuestos, particularmente el IEPS;
  • Márgenes comerciales.

Incluso en un escenario de mayor producción nacional, el precio sigue ligado al mercado global. México no opera en aislamiento energético.

Dos Bocas y el límite de la política energética

La refinería de Dos Bocas representa el intento más visible por revertir esta dependencia. Su objetivo es aumentar la producción nacional y reducir importaciones. Sin embargo, como toda infraestructura de esta escala, su impacto es gradual. La operación inicial ha estado por debajo de su capacidad total, y su contribución al mercado aún es parcial.

Esto no invalida su relevancia, pero sí matiza su efecto en el corto plazo. La autosuficiencia no depende de una sola refinería, sino de la eficiencia integral del sistema.

La dependencia de importaciones tiene efectos que van más allá del sector energético:

  • Exposición a precios internacionales;
  • Vulnerabilidad ante tensiones geopolíticas;
  • Presión sobre la balanza commercial;
  • Impacto indirecto en inflación.

Al mismo tiempo, el crecimiento en producción indica que el sistema tiene capacidad de mejora. No está estancado, pero su evolución es más lenta que la demanda.

Una transición incompleta

El sector energético mexicano no está en crisis, pero tampoco en equilibrio. Se encuentra en una fase intermedia donde conviven avances operativos con limitaciones estructurales. México avanza en refinación, pero aún no alcanza independencia. Produce más gasolina, pero sigue dependiendo del exterior. Invierte en infraestructura, pero enfrenta desafíos de eficiencia.

La discusión sobre autosuficiencia energética requiere, en este contexto, mayor precisión. No se trata únicamente de producir más, sino de hacerlo con competitividad, sostenibilidad y eficiencia. Esa brecha —entre capacidad y realidad— es la que define hoy la vulnerabilidad energética del país.

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Editorial RGB 360

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