La inflación en México complica la ruta de Banxico
El más reciente reporte del INEGI introduce un matiz relevante en la trayectoria inflacionaria de México. Durante la primera quincena de marzo, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró una variación anual de 4.63%, con un incremento quincenal de 0.62%. Por su parte, la inflación subyacente —que excluye componentes volátiles— se ubicó en 4.46%.
Más que el nivel en sí mismo, lo relevante es la señal de cambio de tendencia, ya que durante meses, la narrativa económica había estado centrada en la desaceleración gradual de la inflación. Este dato rompe parcialmente esa inercia y obliga a replantear expectativas.
El componente subyacente es particularmente importante. En él se concentran servicios, educación, vivienda y otros rubros menos sensibles a choques temporales. Su persistencia en niveles cercanos a 4.5% indica que las presiones inflacionarias no han desaparecido, sino que se han trasladado a segmentos más estructurales de la economía.

Esto coloca al Banco de México en una posición compleja puesto que la autoridad monetaria ha mantenido una política restrictiva durante un periodo prolongado, con el objetivo de anclar expectativas. Sin embargo, el entorno internacional —marcado por desaceleración económica y ajustes en otros bancos centrales— presiona en sentido contrario.
Recortar tasas en este contexto implicaría asumir que la inflación continuará convergiendo al objetivo del 3%, pero el repunte reciente sugiere que ese proceso podría ser más lento o irregular de lo anticipado.
A ello se suma la volatilidad del componente no subyacente. Energéticos y productos agropecuarios siguen introduciendo variaciones abruptas que afectan la percepción inflacionaria de los consumidores, incluso si el componente estructural muestra mayor estabilidad.
En términos prácticos, el margen de maniobra de Banxico se reduce; no desaparece, pero se vuelve más estrecho y condicionado a la evolución de los próximos datos.
El mensaje de fondo es que México aún no ha cerrado el capítulo inflacionario. Se encuentra en una fase intermedia: lejos de los máximos recientes, pero todavía sin alcanzar estabilidad plena.