Equidad Sustantiva

Avance educativo de las mujeres en México no se refleja en su participación económica: IMCO

Avance educativo de las mujeres en México no se refleja en su participación económica: IMCO

En los últimos 100 años, México ha vivido una de las transformaciones sociales más profundas de su historia: la incorporación progresiva de las mujeres a la educación, la vida política y el espacio público. Pasaron de enfrentar tasas de analfabetismo cercanas al 78% en 1900 a representar hoy el 53% de la matrícula universitaria. Alcanzaron el voto en 1953 y lograron paridad legislativa en el siglo XXI.

Sin embargo, ese avance histórico en capital humano no se ha traducido con la misma velocidad ni magnitud en participación económica ni en igualdad de condiciones laborales.

Para documentar esta evolución, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) construyó doce series históricas que permiten analizar la trayectoria de las mujeres en México durante las últimas diez décadas. El hallazgo central es que la educación avanzó más rápido que el mercado laboral y las políticas públicas.

Transformaciones demográficas: menos hijos, más años de vida, nuevos retos

Desde 1960, las mujeres pasaron de tener en promedio casi siete hijos a menos de dos en la actualidad. Hoy se casan alrededor de diez años más tarde que en generaciones anteriores y viven, en promedio, seis años más que los hombres.

Estos cambios demográficos ampliaron sus oportunidades educativas y laborales al reducir el tiempo dedicado exclusivamente a la maternidad temprana. Sin embargo, también generan nuevos desafíos estructurales: envejecimiento poblacional y una creciente demanda de sistemas de cuidado que aún no están plenamente desarrollados.

La transición demográfica ha modificado la estructura familiar, pero el diseño institucional no ha evolucionado al mismo ritmo.

El salto educativo es uno de los logros más contundentes del último siglo. De un país donde la mayoría de las mujeres no sabía leer ni escribir, México pasó a un escenario donde ellas son mayoría en la educación superior.

No obstante, persisten patrones de segregación por campo de estudio. Las mujeres tienden a concentrarse en áreas vinculadas al cuidado, servicios y docencia, sectores tradicionalmente asociados a menores niveles salariales. En contraste, los hombres predominan en ingenierías, tecnologías de la información y ciencias computacionales, campos con mayor demanda y mejores remuneraciones. La brecha no radica solo en acceso a educación, sino en la distribución del talento dentro del mercado laboral.

Mercado laboral: mayor participación, desigualdad persistente

Aunque la participación femenina en la fuerza laboral creció significativamente —de una exclusión casi total en 1900 a cerca de la mitad de la fuerza de trabajo actual—, esta incorporación no ha cerrado las brechas estructurales.

La brecha salarial de género se redujo de 27% en 1995 a 13% en 2025, lo que representa un avance relevante. Sin embargo, la reducción a la mitad en tres décadas no implica igualdad plena.

Además, la mayor escolaridad no garantiza igualdad en condiciones laborales. Persisten obstáculos como:

  • Penalización por maternidad.
  • Menor acceso a puestos directivos.
  • Sobrerrepresentación en empleo informal.
  • Doble jornada por carga de cuidados no remunerados.

El marco institucional de cuidados se mantiene prácticamente sin cambios desde 1970, cuando solo 18% de las mujeres formaba parte de la fuerza laboral. La licencia de maternidad no se ha actualizado estructuralmente, mientras que los permisos de paternidad son recientes y limitados.

Existe un desfase entre la realidad laboral femenina y la arquitectura legal que debería respaldarla. La participación económica no puede analizarse sin considerar el contexto de violencia. Entre 2008 y 2012, la tasa de mujeres víctimas de homicidio se duplicó. En 2021 se registró la tasa más alta: 6.07 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes.

Aunque durante el siglo XXI se fortalecieron mecanismos para medir y tipificar la violencia —como la creación de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares y la tipificación del feminicidio en 2012— persisten altos niveles de subregistro.

La violencia limita la autonomía, restringe movilidad, afecta bienestar y reduce posibilidades de inserción laboral sostenida. No se trata únicamente de un problema de seguridad, sino también de desarrollo económico.

Representación política: de exclusión a paridad

Durante más de un siglo, ninguna mujer ocupó un escaño en el Congreso federal. La primera diputada fue electa en 1954, un año después del reconocimiento del voto femenino.

El crecimiento en representación legislativa se aceleró con la adopción de cuotas de género y se consolidó con la reforma constitucional de 2019 conocida como “Paridad en Todo”. México pasó de 37% de legisladoras en 2014 a alcanzar la paridad en la LXV Legislatura (2021–2024).

Este avance político contrasta con la desigualdad económica persistente, lo que evidencia que los cambios normativos pueden transformar estructuras cuando existen mecanismos obligatorios claros.

¿Qué propone el IMCO?

Para cerrar la brecha entre educación y participación económica, el IMCO plantea medidas estructurales:

  1. Licencias parentales compartidas: Proponer un modelo cercano a 40 semanas con reemplazo salarial entre 60% y 70%, financiado mediante un esquema tripartito entre Estado, empleadores y trabajadores. La corresponsabilidad en cuidados es clave para reducir penalizaciones laborales.
  2. Empresas más flexibles: Adoptar esquemas híbridos, horarios escalonados y estructuras de liderazgo basadas en resultados, eliminando la prima por disponibilidad que penaliza la maternidad y limita el acceso de mujeres a posiciones de liderazgo.

El siglo XX fue el de la expansión educativa femenina. El reto del siglo XXI es traducir ese capital humano en participación económica plena y condiciones laborales equitativas. México logró transformar el acceso a derechos civiles y políticos. El pendiente estructural es convertir ese avance educativo en crecimiento inclusivo y productividad nacional. La evidencia es contundente: la igualdad educativa ya es una realidad, la económica aún no.

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Editorial RGB 360

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