Y retiemble en sus centros la tierra: el valor de la alerta sísmica y el protocolo institucional
Edificios públicos y privados activaron protocolos de evacuación; oficinas, escuelas, gimnasios, y espacios gubernamentales realizaron desalojos ordenados mientras los servicios de emergencia iniciaban las revisiones correspondientes. Minutos después, autoridades informaron que no se registraban afectaciones mayores, confirmando la efectividad de los sistemas de monitoreo y de la cultura de protección civil que, con el tiempo y —tristemente— a fuerza de experiencia, se ha consolidado en la capital, y poco a poco, en el interior de la República.
Entre las escenas que dejó el sismo estuvo la reacción de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien al momento de la activación de la alerta se encontraba dando su primera conferencia del año, acompañada por su equipo y compañeros representantes de los medios de comunicación, quienes día a día cubren esta conferencia. La mandataria, de manera tranquila y cercana —y que yo en lo personal, que no comulgo con esta administración, consideré un gesto muy humano—, verificó que reporteras y reporteros salieran con orden y sin contratiempos…

…sin embargo, esa escena donde la presidenta Sheinbaum camina entre la multitud para salir del Salón de Tesorería de Palacio Nacional, da pie a una reflexión muy necesaria: más allá del reconocimiento a una actitud serena y humana frente a una situación de riesgo, los protocolos de seguridad existen por una muy sencilla —sencillita—razón: resguardar la integridad de la titular del Ejecutivo y, con ello, la estabilidad institucional del país. En contextos de emergencia, la prioridad no es solo la cortesía ni la cercanía, sino la protección de la investidura presidencial como símbolo del Estado mexicano.
La normalidad democrática se construye con reglas claras en momentos extraordinarios. Evacuar por rutas diferenciadas, reforzar anillos de seguridad y actuar con precisión no implica distancia política, elitista, o fifí, sino responsabilidad institucional. En un país sísmico, la prevención es una política de Estado. La presidenta —y quien sea que ocupe este cargo— debe esta siempre custodiada y protegida. Para eso era el Estado Mayor Presidencial, para eso precisamente.
El sismo de esta mañana no dejó daños mayores, gracias a Dios, pero sí dejó una imagen y un tema de conservación: la de una ciudad que sabe reaccionar, la de un gobierno que debe equilibrar cercanía y protocolo, y la de una Presidencia que, incluso en la emergencia, representa mucho más que a una sola persona.