La Imagen como Activo Estratégico en el Liderazgo
En el mundo corporativo, donde cada palabra se mide y cada decisión pesa, hay algo que comunica antes de cualquier discurso: la imagen.
En tiempos en los que la primera impresión no ocurre frente a frente, sino a través de una pantalla, la fotografía se ha convertido en un lenguaje silencioso, pero poderoso. Para Óscar Agis, fotógrafo independiente y colaborador de portada de RGB 360, capturar esa esencia no es solo cuestión de técnica, sino de comprender la historia detrás de cada rostro.
Egresado de la Escuela Activa de Fotografía y con casi veinte años dedicado al retrato y la fotografía documental, Oscar, comenzó a retratar la vida institucional y el liderazgo desde la comunicación interna en Banamex. “Ahí aprendí que una imagen puede representar el espíritu de una empresa. Cada directivo, cada evento, cada rostro comunicaba algo más allá del momento”.
Esa mirada —curiosa, atenta, casi cinematográfica— lo ha acompañado desde entonces. Ha fotografiado a líderes políticos, empresariales, culturales, artistas y más, su trabajo ha sido portada en medios como Líderes Mexicanos, Petróleo & Energía, Baima, Proyecto de Nación y, más recientemente, RGB 360.
Su cámara, dice, no solo captura luces y sombras; también retrata lo invisible: la intención, la voz y el propósito del liderazgo.
La imagen como activo estratégico
En el contexto actual, donde la reputación digital es tan determinante como la trayectoria profesional, Óscar entiende la fotografía ejecutiva como un activo estratégico. “La imagen no es un gasto: es inversión. Es una herramienta que comunica credibilidad, confianza y coherencia con el mensaje que un líder o una institución quieren transmitir”, afirma.
Su enfoque se basa en la empatía con el personaje. Antes de disparar, escucha. Observa los gestos, el tono de voz, las palabras. “A veces la gente cree que el retrato es solo posar, pero en realidad es un diálogo. Saber qué se va a comunicar cambia por completo la manera de mirar. No es lo mismo fotografiar a un político en una conferencia que a un director hablando de innovación. La imagen debe sostener el mensaje.”
Para Agis, cada fotografía corporativa debe tener propósito: un rostro puede inspirar confianza, autoridad o cercanía, y ese matiz define la percepción pública de quien la proyecta. En un mundo saturado de imágenes, la autenticidad se ha convertido en la moneda más valiosa.
El poder de la preparación y la intuición
Su método combina precisión técnica con sensibilidad narrativa. Habla de la “preproducción” como el punto de partida indispensable: estudiar al personaje, comprender el entorno, anticipar la luz. Luego llega la acción: la sesión misma, el instante de conexión. Y, finalmente, la postproducción, donde cada detalle se afina hasta lograr el equilibrio entre realidad y expresión.
“He aprendido que no hay retrato exitoso sin preparación. Pero también que no hay retrato vivo sin intuición”, reflexiona. “Puedes planearlo todo, pero hay gestos que ocurren solo una vez. Y ahí, justo ahí, es donde está la verdad.”
Esa búsqueda de lo auténtico lo llevó a capturar personalidades tan diversas como Marcelo Ebrard, Claudia Jáñez, Yolanda Villegas o músicos icónicos como Alex Lora y Martín Urieta. Sus sesiones, muchas veces contrarreloj, ponen a prueba su capacidad para resolver y conectar. “Recuerdo una portada que hice en diez minutos. No hay margen para el error, solo para la intuición”, dice con una sonrisa.
La tecnología como aliada
En un oficio donde la inteligencia artificial comienza a simular rostros y contextos, Óscar mantiene una postura clara: “La tecnología es una herramienta, no un reemplazo. Una fotografía auténtica transmite alma, transmite energía. La IA puede imitar la forma, pero no el momento”.
Las nuevas herramientas, explica, han optimizado su flujo de trabajo —desde la preproducción hasta el retoque—, pero el contacto humano sigue siendo insustituible: “El retrato es una conversación, no un archivo. Y esa conversación deja huella”.
Entre arte y negocio
Ser fotógrafo independiente implica más que dominar la luz: es también saber administrarse, vender, negociar, crecer. “Los creativos solemos enfocarnos en el arte, pero hay que aprender a dirigir tu propio negocio”, confiesa. “He conocido artistas brillantes que no prosperan porque no saben vender su talento. Hay que ser sinceros con lo que podemos hacer, formar equipos y organizarnos.”
Esa visión empresarial, sumada a su constancia, le ha permitido construir una carrera sólida y diversificada. Su estilo —entre el documental y el retrato emocional— lo ha hecho reconocible. “Mi fotografía tiene un toque más dramático, más narrativo. Busco que cada imagen cuente una historia, no que solo adorne una página.”
El retrato como legado
Al final, para Óscar Agis, cada fotografía es un documento de vida. “No es solo publicidad ni contenido para redes. Es historia. Cada retrato captura una etapa, un logro, una emoción. Con el tiempo, esa imagen se convierte en testimonio: del liderazgo, del esfuerzo, del cambio.”
Próximo a exponer su trabajo en República Dominicana, Agis reafirma su compromiso con la autenticidad y la emoción. “Una fotografía puede cambiar la forma en que una persona se ve a sí misma. Y cuando eso ocurre, la cámara deja de ser una herramienta: se convierte en un puente entre la identidad y la historia.”
Porque, como él mismo dice, “una buena fotografía no solo ilumina el rostro; ilumina el propósito”.