El papel de la mujer en el Sector Energético
Por Yolanda Villegas, Experta en Energía
Desde sus inicios, los sectores económicos más relevantes habían sido representados mayoritariamente por hombres. Por supuesto, el sector energético, no estuvo fue la excepción. Hoy, enfrenta un doble reto: por un lado, avanzar en la transición hacia fuentes limpias y accesibles; y por otro, lograr que esta transformación sea inclusiva y diversa. La presencia de mujeres en esta industria resulta clave tanto desde el punto de vista de la equidad como del desempeño: cuando participan más mujeres en los equipos, tienden a surgir mejores resultados, ideas más amplias y una gobernanza más robusta. Pese a esto, los datos señalan que la participación femenina sigue siendo claramente insuficiente. Por ejemplo, la Agencia Internacional de la Energía (IEA) reporta que en promedio solo alrededor del 20 % de la fuerza laboral en el sector energético global está integrada por mujeres, mientras que en el conjunto de la economía mundial las mujeres representan cerca del 40 %.
En lo que respecta a las renovables, la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA) calcula que aproximadamente el 32 % de los trabajadores de las renovables son mujeres, lo que representa un avance frente al promedio del sector, pero aún lejos del ideal. Más allá de los porcentajes, es significativo ver que la brecha se agudiza en los niveles de liderazgo y técnico. Por ejemplo, en la industria eólica las mujeres representan apenas alrededor del 21 % de la plantilla global, y aún menos en cargos de dirección.
El resultado es que, mientras la transición energética demanda nuevos perfiles, habilidades y metodologías, gran parte del talento femenino sigue infrautilizado o marginado, lo cual representa una oportunidad perdida tanto para las mujeres como para la industria. Una mayor participación de mujeres en el sector energético puede mejorar la innovación, la eficiencia en los proyectos y la gobernanza de los procesos de transición.
La baja representación de mujeres tiene diversos factores estructurales: falta de visibilidad de modelos femeninos, escasa mentoría, dificultades para conciliar los entornos laboral y familiar, sesgos en la selección y déficits de formación en carreras STEM (Acrónimo en inglés de las disciplinas Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) en algunos contextos.
Cuando las mujeres participan activamente en la energía, sus aportes no solo benefician al “promedio”, sino que transforman las dinámicas organizativas. Por ejemplo, en proyectos de electrificación rural, el empoderamiento de mujeres ha demostrado mejorar la implicación comunitaria y los resultados sociales, ya que muchas veces activan las soluciones de manera más eficiente desde una lógica de género y contexto.
Desde la perspectiva de la empresa, fomentar la diversidad de género también se alinea con mejores resultados de negocio. Las organizaciones que integran más mujeres suelen tener mejores indicadores de innovación, liderazgo y adaptación al cambio. En un sector energético que está en plena metamorfosis hacia la digitalización, la descentralización y la descarbonización, contar con equipos diversos es hoy más que nunca, fundamental. Sin embargo, la escasez de talento femenino o la fuga de mujeres del sector siguen constituyendo frenos a la transformación. Aunque la proporción de mujeres que ingresan al sector puede ser relativamente alta, su retención a mediano y largo plazo es mucho menor. En grandes empresas de índole energético, las mujeres reportan que no tienen suficientes mentoría o redes de apoyo, y que se les dificulta acceder a roles de supervisión u operación porque prevalecen estereotipos.
A pesar de que en América Latina y otras regiones emergentes el escenario es más desafiante, también está lleno de oportunidades. Las inversiones en energía limpia, la expansión de redes de distribución y la electrificación de comunidades rurales abren un espacio donde las mujeres pueden asumir roles técnicos, operativos y de gestión.
Más allá del empleo directo, la mujer tiene un rol fundamental como agente de cambio en la transición energética: como usuaria, como tomadora de decisiones en política energética, como emprendedora, como promotora de eficiencia energética en los hogares y comunidades. Su inclusión garantiza que las políticas diseñadas respondan a las necesidades de todos, lo que fortalece la equidad y la justicia en la transición. Integrar la perspectiva de género en proyectos de energéticos contribuye a que las mujeres participen no solo como beneficiarias, sino como protagonistas, lo que incrementa el impacto social y económico de esos proyectos.
Para incentivar el avance, muchas compañías y países ya han establecido metas específicas de género, como lograr un porcentaje mínimo de mujeres en laborando en ciertos sectores o en altos cargos, desarrollar programas de mentoría, promover la formación técnica, flexibilizar horarios y diseñar políticas de retención. Aun así, se requiere una estrategia global que combine cambio cultural, ajustes de política pública, inversión en talento y seguimiento de resultados. Si no se atacan en su conjunto estos frentes, los avances seguirán siendo lentos y el sector perderá parte del valor que podría generar.
Incluso si se dejara a un lado el tema de la equidad de género, la falta de inclusión de mujeres representa un riesgo para la competitividad de la industria, debido a que la demanda de habilidades en el sector energético está creciendo a gran velocidad. Si las empresas no logran atraer, formar y retener talento femenino, podrían afrontar escasez de personal, menor diversidad de pensamiento y menor capacidad de innovación, justo en un momento en que la adaptación a nuevos desafíos es crítica.
La mujer en el sector energético es una figura obligada. Su participación es clave para acelerar la transición energética y enriquecer los procesos técnicos y de gestión. Más allá de incorporar mujeres por cumplir una cuota, se trata de reconocer que, sin su talento, sin su visión y sin su liderazgo, la industria energética estaría renunciando a una parte fundamental de su potencial. El cambio comienza con políticas, programas y cultura que creen oportunidades reales, y se debe mantener con estructuras que apoyen su entrada, su crecimiento, su permanencia y su visibilidad dentro del sector.