¿Pensando en un automóvil para 2026? Esto podría costarte
La motorización en México continúa acelerándose, y más durante finales e inicios de año. Según estimaciones basadas en registros del INEGI y padrones municipales, cinco ciudades concentran la mayor cantidad de automóviles del país: Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Puebla y Chihuahua. Estas urbes —que juntas superan los 14 millones de vehículos— representan el núcleo del consumo energético y de emisiones contaminantes del territorio nacional.
Solo la Ciudad de México contabiliza más de 6.3 millones de vehículos motorizados, convirtiéndose no solo en el mayor parque vehicular del país, sino en uno de los más grandes de América Latina. Le siguen Guadalajara y Monterrey, ambas con cifras superiores a los 2.5 millones de vehículos, mientras que Puebla y Chihuahua reportan incrementos sostenidos, en particular esta última, que registra una de las tasas más elevadas por habitante.
De acuerdo con un cruce de datos públicos de INEGI, asociaciones automotrices, gobiernos locales y crecimiento vehicular, estas son las cinco ciudades del país con mayor parque vehícular:
1. Ciudad de México (sólo CDMX, no la Zona Metropolitana del Valle de México)
- Vehículos motorizados: 6,368,520
- Habitantes: 9.2 millones
- Autos per cápita: ≈ 0.69 vehículos por habitante
2. Guadalajara (Zona Metropolitana)
- Vehículos: ≈ 2.9 millones
- Habitantes: ≈ 5.3 millones
- Autos per cápita: ≈ 0.55
3. Monterrey (Zona Metropolitana)
- Vehículos: ≈ 2.6 millones
- Habitantes: ≈ 5.4 millones
- Autos per cápita: ≈ 0.48
4. Puebla (Zona Metropolitana)
- Vehículos: ≈ 1.55 millones
- Habitantes: ≈ 3.3 millones
- Autos per cápita: ≈ 0.46
5. Chihuahua (Ciudad)
- Vehículos: ≈ 600,000
- Habitantes: ≈ 988,000
- Autos per cápita: ≈ 0.61 (una de las más altas del país)
Nota: Chihuahua no tiene más autos totales que Guadalajara o Monterrey, pero sí una de las tasas más altas por habitante.
A nivel ambiental, el impacto es muy fuerte. La Secretaría de Medio Ambiente estima que más del 40% de las emisiones contaminantes urbanas proviene del transporte, principalmente de automóviles particulares. En ciudades como Chihuahua o Guadalajara, donde la expansión horizontal obliga a recorridos largos, la dependencia del automóvil incrementa la huella energética y los episodios de mala calidad del aire.
Este fenómeno no sólo afecta a lo ambiental, sino que responde a un rasgo cultural latinoamericano profundamente arraigado. En amplios sectores de la población persiste la idea de que tener un auto equivale a ascender socialmente, dejar de ser de «los de a pie», o no depender del transporte público. El automóvil se percibe como símbolo de progreso, respeto social y autonomía. Esta narrativa, que ha sido reforzada durante décadas, mantiene la demanda de coches incluso entre familias con ingresos limitados.
El costo real, sin embargo, puede llegar a contradecir esa «aspiración». Mantener un automóvil promedio en México representa un gasto anual estimado en:
- Gasolina: $27,000–$35,000 MXN
- Mantenimiento: $8,000–$12,000 MXN
- Seguro: $10,000–$18,000 MXN
- Tenencia/verificación/placas: $3,000–$6,000 MXN
- Estacionamientos/peajes: $5,000–$10,000 MXN
Total aproximado anual: $53,000–$81,000 MXN, sin considerar depreciación.
Para un trabajador que gana entre uno y dos salarios promedio, el automóvil absorbe hasta el 40% de su ingreso neto anual, lo que lo convierte en uno de los gastos más regresivos del país.
En contraste, el uso de transporte colectivo reduce costos de manera muy significativa:
- Un usuario que viaja en metro, metrobús o rutas integradas gasta, de manera exagerada, entre $11,000–$13,000 MXN al año, lo que significa un ahorro potencial de hasta $70,000.
- El uso de bicicleta —cada vez más promovido en Zonas Metropolitanas— puede reducir el gasto anual aún más, además de mejorar salud y movilidad local.
Sin embargo, la infraestructura pública aún arrastra rezagos estructurales tales como rutas insuficientes, mala frecuencia, inseguridad, falta de luminarias nocturnas, y falta de integración tarifaria. La transición real dependerá de sistemas de transporte masivo más eficientes, limpios y confiables.
Aun así, la expansión del automóvil ya no es sostenible. Las ciudades mexicanas enfrentan una disyuntiva histórica: continuar con un modelo cada vez más caro, lento y contaminante, o avanzar hacia sistemas colectivos que devuelvan movilidad, competitividad y calidad de vida a millones.